No te vuelvas confesor permanente de quien siempre se queja por todo

Prestarle atención a aquellos que se quejan de todo y por todo siempre que hablan es más perjudicial de lo que la gente se imagina

No te vuelvas confesor permanente de quien siempre se queja por todo

Por: M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

Las quejas continuas de los quejosos crónicos pueden llegar a influir en quienes tienen la costumbre de escuchar sus lamentosas peroratas, afectando sus estados de ánimo y creándole determinado perjuicio sicológico cuando no se trata tan siquiera del problema del oyente.

En algún momento cualquiera tiene alguna queja que quisiera compartir para recibir un buen consejo o tan solo sentirse comprendido. Permite liberar la tensión en situaciones complejas o dolorosas, pero algunas veces, sin que lo notemos, mucho tiempo oyendo tantas  quejas y lamentos se convierten en un secuestrador  de nuestras mejores energías.

Prestarle atención a aquellos que se quejan de todo y por todo siempre que hablan es más perjudicial de lo que la gente se imagina.

Es correcto y humano sentir empatía y simpatía hacia alguien  la está pasando mal en un momento determinado y poderle dar un buen consejo.  Pero cuando su quejumbre llega a ser tóxica y constante, ellos pueden hacernos  pensar que somos insensibles o egoístas por el simple hecho de no querer seguir ahí oyendo un sinfín de quejas, a veces sin sentido.

LA PERSONA QUEJUMBROSA

Este tipo de persona, y todos conocemos a alguna de ellas, se pasan la vida renegando de la vida que les ha tocado vivir, siempre quieren hacerse las víctimas, se quejan porque sí y porque no y, sobre todo, y es lo que más molesta,  nunca hacen nada para cambiar aunque sea un poquito, todo aquello que tanto les atormenta.

Al final nos damos cuenta de que, más que por una situación difícil, la queja surge de un hábito que ya hace parte del estilo de vida de esa persona que nada hace resolver, por lo menos, algunos de sus problemas.

El quejumbroso lastimero trata de buscar culpables de su real o agrandado sufrimiento, y pide compasión o solidaridad, casi siempre para evadir sus propias responsabilidades por falta de carácter, iniciativa o de inteligencia.

Nos quiere hacer sentir que es nuestra obligación ayudarles a resolver sus problemas o, por lo menos, ser su paño de lágrimas en todo momento.

LAS CONSECUENCIAS DE ESCUCHAR ESA AURA NEGATIVA

Esas personas son tan negativas que, de repente, empezamos a sentir más cargas sicológicas de pesadumbre de las que nos toca.

Aunque tengamos la capacidad para aconsejar o ayudar a este tipo de personas en un momento determinado, y hacerlo es lo correcto,  estar expuestas de manera prolongada a su forma de ser tan negativa nos va mermando una parte importante de nuestras energías positivas, tan importantes para nuestros empeños de superación, pues nuestro cerebro sufre cambios debido a las emociones negativas que nos traspasa la condición del otro.

Sentimientos como la frustración, la culpa y la tristeza modifican algunos procesos que liberan hormonas en el cerebro, e incrementan la susceptibilidad de tener afectaciones emocionales,  dificultades para idear cómo resolver problemas propios, disminución de la concentración,  pensamientos negativos con más frecuencia de los convenientes, etc.

Que nos traspasen la frustración y la amargura de los otros, son actitudes que impiden seguir mejorando en la vida.

La energía que empleamos al quejarnos es aquella que necesita el quejoso para superar esas situaciones que parecen ser para ellos un obstáculo insuperable. Sería mejor que cerraran la boca y se concentraran en superarlos.

Por esta razón, además de evitar a todo trance volverse  una queja ambulante, es esencial entender que por nuestra parte no estamos en la obligación de atender o escuchar a aquellos que sí lo son.

No podemos pretender solucionar, a veces inútilmente, la vida de otros cuando necesitamos esos esfuerzos para generar nuestros propios cambios positivos.

QUÉ SE DEBE HACER

En primer lugar tomar distancia sin que parezca una descortesía o una falta de humanidad. Procura alejarte al máximo de estas personas, pues no te ayudan para nada.

Cuanto menos les prestes atención, más rápido entenderán que no deseas invertir tus energías en escuchar sus inacabables pensamientos negativos  haciéndole  entender de la forma más delicada posible que el problema es enteramente suyo. Posiblemente lo ayudes a enfrentarse a una realidad, a veces dura, pero que no era capaz de ver.

De paso procura que la situación te afecte emocionalmente poco y aconséjale que tome medidas para solucionarlo por sus propios medios.

Si son personas de nuestro cercano entorno, es esencial no demostrar que estamos dispuestos a ayudarles con cada problema que nos expongan.

Debe evitar sentir esa necesidad de ayudar cuando el problema ni siquiera te incumbe.

¿Tienes un amigo o familiar quejándose todo el tiempo? ¡Es momento de actuar y de pararlos en seco!

Evita seguir su juego porque, en algún momento, empezarás a sentir que tanta negatividad emanada del quejoso interfiere en tu propia vida.

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente Dr. Salvador Allende

  La Habana – Cuba

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