Elpidio Valdés, de la historieta al celuloide
La obra de Padrón continúa viva en el celuloide y en el alma de millones de niños en Cuba

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Elpidio Valdés es un mito del cine cubano. Nacido como hijo de la historieta, su destino llevado de la mano del célebre caricaturista isleño Juan Padrón, sería convertirse en un animado de preferencia entre chicos de todas las generaciones, incluidos adultos que no se resignan al paso de los años cuando asisten a las ocurrencias del entrañable personaje.
Creado el 14 de agosto de 1970 por el destacado dibujante, su aparición se produjo en el semanario Pionero, pensado para niños y niñas que asistían a las páginas de la emblemática publicación concebida para solaz de los escolares.
Pero tales serían las simpatías despertadas por el carácter criollo, los dicharachos y gracia del personaje que muy pronto su autor tendría que amplificar los capítulos de su existencia llevándolo a la gran pantalla, primero a la televisión y posteriormente al cine. Desde entonces los grandes planos, la banda sonora y ágiles montajes se convirtieron en cuarto de resonancias para sus aventuras.
El encanto del héroe ha estado unido al valor formativo con el que fue concebido por su autor. Ejemplo entrañable de una capacidad didáctica ajena a estereotipos, la imagen de Valdés como jefe del Ejército Libertador cubano en lucha por la independencia de la Patria frente al colonialismo, ha pasado a ser un icono de resistencia cultural susceptible a continuos enriquecimientos que cada época ha sabido sumar a sus atributos iniciales. Junto a él, sus colaboradores, simpáticos compañeros de bregar diario, no exentos de simpatía y matizada individualidad: María Silvia, Pepe el corneta, Marcial y por supuesto, su leal Palmiche.
Contrafiguras de indudable interés fueron los militares españoles, al frente de los cuales siempre brilló el General Resoplez y no menos atractivo por la caricaturización, MisterChains, latifundista norteamericano.
Tales ingredientes en términos de personajes magistralmente concebidos, respeto por la sensibilidad infantil junto al manejo experto de la imagen y el diseño, contribuyeron al nacimiento de largometrajes que ya hoy son considerados joyas del audiovisual cubano.
Destacan en esa cosecha los ya clásicos títulos Elpidio Valdés (1979), donde se narra el nacimiento del personaje y los inicios de la Guerra de Independencia, pasando por Elpidio Valdés contra Dólar y Cañón, (1983); así como la no menos atractiva versión cinematográfica Más se perdió en Cuba, producida en 1995 donde se relatan las peripecias de Valdés durante la intervención estadounidense en la Guerra de Independencia.
Esperemos en lo adelante nuevas apropiaciones sobre la vida de un personaje que es símbolo de identidad nacional. La obra de Padrón continúa viva en el celuloide y en el alma de millones de niños en Cuba.
Seguramente a futuro, descendientes de Elpidio asaltarán las grandes pantallas de los cines en nuestro país. Serán las nuevas crónicas y lecciones de historia que aguardaremos con avidez.
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