La cultura sí tiene un abrazo fijo

Tras diez años de colaboración en Venezuela, nuestros especialistas del sector fomentan hermosos procesos y experiencias, desde el curso hasta la comunidad

Los especialistas cubanos llegan al corazón de las instituciones culturales venezolanas. Foto del autor

Por: Enrique Milanés León

El grupo se divide en dos y comienza un susurro creativo. Construyen, a varias voces, respuestas para las preguntas que llevó la profesora cubana. Al cabo de un rato, aquella sala del imponente Museo de Arte Contemporáneo Alejandro Otero, en la parroquia de Coche, acoge el intercambio abierto sobre las esencias de la política y la programación culturales.

Los promotores, animadores y representantes de fundaciones culturales exponen, acotan, coinciden y se interrumpen… nada puede contener el poderoso verbo venezolano, pero cuando hablan de los derechos al saber refrendados en la Constitución y en el Plan de la patria, cuando afirman que cualquier promoción tiene que empezar por casa e involucrar a todas las generaciones, cuando convocan alianzas transversales para dar a conocer una historia y un acervo intelectual mucho más ricos que cualquier petróleo, la mañana vuela y la profesora termina satisfecha.

Se llama Esmaile Preval Jardón y es especialista en la dirección de cultura del municipio Manuel Tames, en Guantánamo, pero en Venezuela, como integrante de la Misión Cultura corazón adentro, asesora acciones de formación en el distrito capital.

«Estos son cursos ya avalados por la Universidad de las Artes de Venezuela –comenta ella cuando le ve al periodista su cara de preguntar–, lo cual en sí mismo es un avance de nuestra misión. Satisfacemos, así, necesidades establecidas en un diagnóstico de capacitación. Entre los temas se incluyen promoción, jerarquización, dirección artística y gestión de procesos; este último centra además un diplomado».

La colaboradora señala que, tras una reducción significativa en razón del Convenio Cuba-Venezuela, la misión cultural de la Isla, que tiene aquí un asesor y un consultor en cada estado, asume actualmente, con 59 integrantes, un carácter netamente académico.

«Estos cursos tienen cortes trimestrales y sus graduados trabajan en las comunidades. También captamos facilitadores que multiplican en el terreno los saberes y técnicas, porque siempre integramos la teoría con la práctica», amplía Esmaile.

La especialista guantanamera considera que los diez años de abrazo cultural entre Cuba y Venezuela muestran un perfeccionamiento en los mecanismos institucionales y en la visión sistémica de sus procesos, un inédito protagonismo de las comunidades y una integración armónica entre los proyectos socioculturales con los productivos.

Pero ella no tuvo que explicar mucho. Pablo Barreto Marrero, promotor cultural de la Universidad Simón Rodríguez, comentó al periodista no solo el agradecimiento a Cuba por preservar, con atención médica, la luz en sus ojos, sino también la certeza de que Nuestra América tiene que ser, además de Zona de paz, Zona de encuentro. «Solo eso nos salvará de Estados Unidos», sostuvo.

Al rato, en la propia sala del Museo Alejandro Otero, aplaudimos una demostración formidable del poder del pueblo: el grupo Son corazón, unidad artística integrada por ancianos de la parroquia Coche, bailó primero un pasaje llanero y luego un cañonero y un rucañeao, las dos variantes del merengue caraqueño.

El abuelo del grupo se veía feliz, con seis damas danzando entre sus brazos, pero en los artistas destacaba una anciana grácil como adolescente. Venezuela y Cuba saben que la cultura es asunto mayor: así alegremente, con un caderazo de esos, también se tumba un imperio.   

Tomado de Granma

 

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