Martí y los 150 años de las contiendas independentistas cubanas

Solo 15 años tenía el adolescente José Julián Martí Pérez cuando en octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes lideró el estallido fundacional de nuestras contiendas independentistas, hecho que marcaría su vida para siempre

Foto: Internet

Por: Isabel María Calvo Sánchez

Desde entonces, hace un siglo y medio, Martí comenzó a dejar huellas indelebles que trascienden hasta hoy en la historia de Cuba.

Al calor del inicio de la lucha patriótica que acontecía en Bayamo -la Cuna de la Nacionalidad Cubana-, a cientos de kilómetros, en La Habana, José Julián junto a su entrañable amigo Fermín Valdés se sumaba a las labores independentistas que literalmente asaltaban la escuela y la casa de su maestro y padre espiritual Rafael María de Mendive.

Ya escribía su ardiente y desenfadada sátira política hacia el colonialismo español con el título El Diablo Cojuelo. Poco después publicaba la que sería quizás -sin que sin que él pudiese preverlo- una especie de peculiar profecía para su propia vida, el poema épico Abdala, cuyo personaje principal lo sacrifica todo en pos de la patria amada.

En enero de 1869, cuando Martí aún no había cumplido los 16 años, los acontecimientos se precipitaron, y tras los sucesos del Teatro Villanueva, la vida del joven dio un vuelco, convirtiéndose en uno de los protagonistas del Presidio Político en Cuba, por el único delito de amar profundamente al suelo que lo vio nacer.

Tras el cruel presidio que comenzó en las habaneras canteras de San Lázaro -hoy Fragua Martiana- y concluyó en la entonces Isla de Pinos*, tocó al joven con precoz madurez el peregrinaje por el mundo, debido al obligado exilio primero en Europa y luego en América.

En todas partes lo acompañó un intenso dolor por saber a su patria esclava, sentir que convirtió en fuerza espiritual para la lucha. Desde las entrañas del monstruo tributó de la mano con Calixto García al estallido de la llamada Guerra Chiquita.

En plenitud de su madurez, en 1892 dio vida al Partido Revolucionario Cubano, para cautivar corazones y aunar voluntades en torno a la preparación de la Guerra Necesaria, que debía ser según su concepción una contienda breve y generosa para dar la independencia a Cuba, y frenar el empuje del Gigante de Siete Leguas (Estados Unidos).

Quizás su más importante mérito en tanto legado para las presentes y futuras generaciones de cubanos fue fraguar la unidad, sumando entre los primeros no por casualidad a hombres de la talla de Antonio Maceo y Máximo Gómez.

Maceo y Gómez evidenciaron una extraordinaria admiración muy bien ganada por Martí, cuando en abril de 1895, en la manigua mambisa, colocaron sobre sus hombros los grados de Mayor General del Ejército Libertador.

El domingo 19 de mayo de 1895, cuando había vivido 42 intensos y fructíferos años, -la estrella que ilumina y mata- se posó sobre su pecho, en ese instante coronaba su sacrificio en hermosa alegoría con sus propios versos, que expresan: Cuando se cae en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe y empieza al fin con el morir la vida.

El Mayor General José Martí Pérez, El Apóstol, El Hombre de la Edad de Oro, el Héroe Nacional Cubano, cumplió con creces la obra de su vida. Fue un hombre de su tiempo, lo que lo convierte sin dudas, como él lo concebía en un hombre de todos los tiempos.

Con esas motivaciones los cubanos actuales atesoramos su vida y obra, junto al legado de Fidel Castro, el Martí de los siglos XX y XXI.

Con orgullo transmitimos a nuestros hijos y nietos los sentimientos martianos y fidelistas, en tanto sustento para la continuidad generacional presente y futura de la Revolución que inició Céspedes hace 150 años y lleva adelante hoy el pueblo de Cuba.

NE: * Isla de Pinos: Antigua denominación de la Isla de la Juventud

Tomado de Radio COCO

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