Más que todo sensibilidad humana

Los extraordinarios progresos de la medicina en los últimos 50 años, no han mostrado evidencia de que los exámenes complementarios puedan sustituir a la habilidad clínica del médico en la atención al paciente

Ningún avance tecnológico puede sustituir a la buena clínica y a la relación médico-paciente

Por: Carlos Heredia Reyes

El impacto de la revolución científico-técnica ha sido de tal magnitud que no menos de 25 nuevos problemas éticos han surgido en la medicina, relacionados con la ingeniería genética, la fecundación in vitro y el trasplante de embriones, el descubrimiento del genoma humano, la clonación, el trasplante de órganos, el suicidio con ayuda médica, la eutanasia, el diagnóstico de muerte, el estado vegetativo persistente, la televigilancia y la telemedicina individual, las contaminaciones acústicas y ambientales, y muchos más.

Los primeros en utilizar el vocablo “clínica” fueron los griegos, palabra derivada de Klinikos, que significa lecho; de ahí la relación de la clínica con el arte de curar a los enfermos a la cabecera del lecho.

Hipócrates fundó una escuela médica que contribuyó a emancipar a la medicina de la religión, insistió en el valor supremo de la observación del enfermo y la acumulación de experiencias por parte del médico para poder realizar un diagnóstico correcto de las enfermedades, y fue también el primero en confeccionar historias clínicas.

En Cuba, muchos han sido los médicos que se han destacado por la práctica del método clínico, entre ellos, Carlos J. Finlay, descubridor, en 1881, del agente transmisor de la fiebre amarilla; Tomás Romay, introductor y propagador de la vacunación antivariolosa en Cuba; Joaquín Albarrán, ilustre urólogo, cuyo haber científico en su campo es reconocido mundialmente y el Dr. José Manuel Martínez Cañas, uno de los que introdujo el electrocardiógrafo en Cuba y la fonocardiografía o estetografía.

Como bien señala un artículo titulado Importancia del método clínico, publicado por un grupo de expertos cubanos en la Revista Cubana de Salud Pública, el  examen físico es imprescindible para el diagnóstico médico.

Con el fin de lograr una mayor calidad debe hacerse siempre después del interrogatorio, con minuciosidad, respetando un orden lógico y preestablecido, y en condiciones de privacidad para el paciente.

La relación médico-paciente constituye el aspecto más sensible y humano de la medicina. La comunicación entre el médico y el enfermo puede establecerse de forma verbal, al utilizar como herramienta la entrevista, donde el médico debe dominar el arte de escuchar.

La tecnificación excesiva de la práctica médica ha llevado a la despersonalización de los enfermos por algunos profesionales. Es por esto que se debe tener siempre presente la frase: “Curar a veces, aliviar con frecuencia, consolar siempre”.

No se trata de negar el extraordinario valor de los exámenes complementarios, los cuales confirman unos diagnósticos y rechazan otros, son imprescindibles para la estadificación de un gran número de enfermedades antes de decidir la terapéutica a utilizar, detectan los efectos indeseables de los medicamentos que se usan, son capaces de ofrecer certeza allí donde no llega la clínica y tienen, en algunas circunstancias, el valor de tranquilizar tanto al paciente como al médico, porque la medicina es una ciencia humana.

Si bien el progreso tecnológico nos ha ayudado a elaborar diagnósticos y salvar vidas, su uso abusivo puede perjudicar a los pacientes y afectar la competencia y el desempeño de los médicos. No se puede caer en la trampa de que es más fácil, más simple y más “a tono con el desarrollo y la modernidad”, solicitar exámenes en vez de conversar, examinar al paciente y pensar.

El uso racional de los recursos diagnósticos y terapéuticos es una medida de orden en estos tiempos, por lo que constituye una responsabilidad del médico indicarlos de forma acertada y racional en correspondencia con la hipótesis diagnóstica planteada. Por otra parte, se tiene la obligación de educar a la población en este sentido, ya que para esta la valoración adecuada de la atención constituye –erróneamente– la indicación de algún complementario o la prescripción de un medicamento.

Pero ningún avance tecnológico puede sustituir a la buena clínica y a la relación médico-paciente, extendida a la familia y a la comunidad.

 

 

 

 

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