El barrio es literalmente pueblo

 

Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución. Foto: Yaimí Ravelo

Conversación con Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, con motivo de los más de 50 años de existencia de la mayor organización de masas del país

Por: Alejandra García

Sin los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), reconoció Fidel, habría sido imposible escribir la historia acontecida después del triunfo del 1ro. de enero de 1959. La organización que nació un año después, el 28 de septiembre de 1960, ha mantenido el aliento solidario y la unidad de la gente del barrio, símbolo nacional de dignidad y una de las causas, a decir del escritor Eduardo Galeano, que explican por qué «Cuba pasó de ser una colonia a ser una patria».

A casi 60 años de creada, «es hoy más grande y fuerte que nunca», asegura Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los CDR.

Desde su creación aquella noche de septiembre, cuando en la capital se escucharon varias explosiones y el país vivía bajo constantes amenazas terroristas alentadas por el gobierno de Estados Unidos, «se sabía que esta organización se quedaría para todos los tiempos», añadió.

Las tareas de la organización fueron creciendo. A la vigilancia revolucionaria se fueron sumando otras de interés popular como la educación, el trabajo voluntario, actividades patrióticas, de salud (vacunaciones, donaciones de sangre…), la recogida de materia prima, la protección del medio ambiente y muchas más.

«Pero el verdadero valor de los CDR se probó durante la invasión a Playa Girón, el 17 de abril de 1961», recuerda Miranda.

Al llamado de la dirección del país, el pueblo se organizó y preparó en el manejo de las armas, y consiguió neutralizar acciones simultáneas de la contrarrevolución interna que tenían como fin desestabilizar la sociedad. El apoyo del barrio, de donde salieron los combatientes, garantizó la victoria 72 horas más tarde, dice Miranda, quien es cuadro de la organización desde hace 35 años.

Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los CDR. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Los retos del barrio cubano de hoy

El contexto histórico de la Revolución ha ido cambiando con los años, y con él la organización, que ha tenido que adaptarse a cada circunstancia sin dejar a un lado su razón de ser: la de unir, organizar, movilizar y apoyar, explica a Granma Carlos Rafael Miranda.

El barrio cubano actual no es el mismo tampoco de hace 50 años. «Hoy estamos marcados por una sociedad muy heterogénea –asegura–. Hoy en cada barrio, lo mismo en la ciudad, que en las comunidades rurales, nos encontramos obreros, profesionales, cuentapropistas… Eso implica un desafío. Significa que los dirigentes de cada CDR tienen que ser capaces de adaptarse a su comunidad y de llegar a todos».

Estamos viviendo en comunidades donde conviven un obrero agrícola, un maestro, donde existen negocios privados que continúan en aumento y cada vez tipifican más el entorno del barrio…

En ese sentido, «los cuadros de la organización tienen que fomentar la unidad entre todos los vecinos. Aun cuando algunos tengan mayor nivel adquisitivo que otros, la Revolución la tenemos que defender todos», comenta.

Si bien el consumo de drogas y otras sustancias ilícitas no son un fenómeno prominente en nuestra sociedad, desgraciadamente se están dando casos de recalos en las costas de la Isla, intentos de entrarla al país desde los distintos aeropuertos.

Prevenir la proliferación de este mal es prioridad para las autoridades del país y las organizaciones de masas, principalmente de los CDR.

Para Carlos Rafael Miranda, «en esa batalla estamos insertados. Cada vez que conocemos de alguna situación de riesgo en alguna comunidad, le damos seguimiento de manera preventiva de conjunto con los ministerios de Salud y Educación, la Federación de Mujeres Cubanas, la Dirección Nacional Antidroga y otras autoridades».

En ese sentido, «nos han apoyado mucho los barrios debates, iniciativa de los CDR que tienen lugar desde el pasado 2016 y que llegó para quedarse. También hemos intensificado nuestras labores de prevención en las comunidades costeras, las más vulnerables debido a los recalos de drogas», dice.

Estas son las razones por las que no deben faltar nunca los Comité de Defensa de la Revolución, reconoce Miranda, y anuncia los preparativos del 9no. Congreso de la organización, fijado entre el 26 y el 28 de septiembre de este año.

«Los CDR somos una organización incluyente, de federadas, campesinos, trabajadores, que conoce de primera mano las dificultades que se presentan en cada comunidad y que se moviliza para darle solución», y concluye: «El barrio es literalmente pueblo».

Breve historia de los CDR

Previo a su fundación, existían en Cuba diversas asociaciones con diferentes fines, que quedaron fusionadas en ella para dar una respuesta enérgica y espontánea contra el terrorismo instrumentado por el gobierno estadounidense.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó el 28 de septiembre de 1960 en un acto público: «Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva, están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo».

Esa misma noche, al terminar el discurso nacieron los primeros CDR, asociación sui géneris caracterizada por su entusiasmo, iniciativa, voluntad, solidaridad y combatividad.

La agrupación vecinal está organizada por cuadras, zonas, municipios, provincias y nación, y reúne a ciudadanos cubanos mayores de 14 años de edad, sin distinguir credo, sexo o raza.

Entre las principales tareas en las que participaron los CDR en sus inicios están su respaldo decisivo en las campañas de Alfabetización y de vacunación contra la poliomielitis y otras enfermedades prevenibles.

Gracias a la labor de los CDR, tenemos un promedio de donaciones de sangre superior a la meta de la Organización Mundial de la Salud de una por cada 20 personas para países desarrollados y una cada 200 en naciones del Tercer Mundo.

La donación voluntaria y no remunerada ha caracterizado este proyecto, y gracias a sus resultados la nación se satisface de los productos sanguíneos para apoyar proyectos tan humanitarios como el trasplante, la cirugía cardiovascular y la oncología, entre otros.

Tomado de Granma

 

 

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