Martí ecuménico: un modelo para siempre

Este 28 de enero conmemoramos 165 años de su natalicio y se tornan muchas y vastas las razones para evocarlo

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

Es muy probable que hayamos escuchado decir e incluso haber dicho nosotros mismos que José Martí habló sobre todos los temas. Detrás de esa aseveración absolutamente fundada hay mucho más que la implicación del imaginario. Lo afirmamos seguramente basados en la proximidad que todo cubano tiene con el apóstol y en la trascendencia de un pensamiento imperecedero.

Hay en el mundo muchos hombres que no se resisten a la tentación de pronunciarse ante disímiles temas, en cambio no todos logran aquella erudición que acompañó a Martí. Este 28 de enero conmemoramos 165 años de su natalicio y se tornan muchas y vastas las razones para evocarlo. Cito por solo recurrir a una, su fascinación por las artes a las cuales acudió como cultivador y estudioso.

Si hoy tenemos la certeza de que Martí tocó con su intelecto los más complejos y diversos asuntos es, en suma medida, por la precisión con que lo hizo. El teatro, la poesía, las artes visuales no escaparon a su genio intelectual. Sobre ellas legó múltiples pensamientos que hoy preservan la vitalidad del primer día.

El Héroe Nacional nos lleva de la mano para recorrer exposiciones, descubrir trazos, dilucidar composiciones. En él habita la sabiduría compuesta de saberes integrados. Su espiritualidad profunda tuvo un componente determinante en la extraordinaria capacidad para aprehender el fenómeno artístico. No solo lo asumía con vehemencia, también era capaz de devolverlo con propiedades aún más sublimes.

Sus ojos estaban hechos para la contemplación del bien. Todo aquello que llevase en sí la felicidad de las formas, los colores o los tonos acaparaba su interés. Martí se empeñó felizmente en compartir ese estado de plenitud que encontraba en la música, el lienzo, la piedra tallada, el verso o la escena.

Habló sobre casi todo, es cierto y aún más verídico: sabía de todo. Así lo afirmamos hoy con la certidumbre de tenerlo cerca. Porque lo conocemos: lo pensamos y describimos.

Martí se compone de muchas materias valiosas, el arte entre todas se torna esencial. Esos que nos abren los ojos para contemplar el mundo son los más necesarios. Pensémoslo entonces en actitud contemplativa frente a un cuadro de Fabelo desafiando al tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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