Martí ante la danza. Glosas a la gestualidad de una época

Portada del libro.

La escritora e investigadora Mayra Beatriz Martínez es la autora y prologuista del texto Martí ante la danza. Glosas a la gestualidad de una época, publicado por la Editorial José Martí

Una vasta línea temática distingue la obra poético-literaria y periodística de uno de los padres fundadores de la psicología cubana. En ella, se pueden encontrar continuas citas y referencias a las más disímiles manifestaciones artísticas; entre las cuales la danza desempeña una función «clave».

El arte danzario del siglo XIX llega hasta nosotros gracias a la valiosa pesquisa desarrollada por la también ensayista y periodista cubana. Martínez realiza una afanosa búsqueda en los materiales periodísticos y en la narrativa del Apóstol, para entregarle al lector la percepción personal de Martí acerca del quehacer danzario de la época socio-histórica que le tocara vivir, en la península y en América.

Ante todo, habría que destacar los sólidos conocimientos que de la vigente obra martiana posee esa estudiosa de la vida y la obra del genial pensador habanero, así como de las bases conceptuales, teórico-metodológicas y prácticas en que se estructura el fascinante universo danzario (sobre todo el de las danzas americanas y españolas, y dentro de estas últimas, el flamenco).

Si bien el Maestro mostró cierta reticencia hacia los bailes de salón y las danzas signadas por la sensualidad, el erotismo, la chabacanería y la vulgaridad, no escatimó elogios hacia las manifestaciones danzarias folclóricas, propias de los primigenios habitantes de Nuestra América y del Caribe (incluido, por supuesto, el archipiélago cubano).

La génesis de dicha actitud reprobable hacia esas manifestaciones danzarias, que el fundador del periódico Patria valoraba con tanta severidad, habría que buscarla en la educación que recibiera en el seno de la familia Martí-Pérez. Formación caracterizada —sobre todo— por la estricta observancia de los valores ético-morales que los hijos de don Mariano y doña Leonor descubrieran en los progenitores, y que mediatizaran el comportamiento psicosocial de los retoños forjados al calor de ese frondoso árbol, y en especial, el de su primogénito.

De ahí, que la influencia del superyó o código ético-moral que guiara los pasos del joven José Julián por el camino del bien y lo alejara de cuanto pudiera desviarlo un ápice de sus incipientes criterios acerca del objeto de estudio de la ética como disciplina filosófica, inclinara la balanza hacia las actitudes más nobles y bellas que pautan las acciones del soberano de la creación. Y lo convierten en un excelente ser humano, el escalón más elevado al que puede y debe aspirar el homo sapiens, y que Martí alcanzó desde la más temprana juventud.

Desde esas concepciones ético-morales juzgó el poeta mayor de la patria grande latinoamericana las danzas voluptuosas que despertaban en hombres y mujeres los más abyectos deseos libidinosos, ocultos en las regiones más intrincadas de la psiquis, y que afloraban a la superficie al compás del desenfreno desencadenado por la música y el baile, en extremo excitantes.

Sin embargo, la sensibilidad artística y humana de ese sagaz crítico, que «apuntó bien y dio en el blanco», no se pudo resistir a la tentación de describir las virtudes de la bailaora española. Tanto lo conmovió su forma única e irrepetible de bailar el flamenco, que le hizo escribir una frase antológica, que conserva la más palpitante actualidad: el baile [hispano] es fuego del alma». Así como el poema que —escapado del «espíritu más libre y puro que ha conocido la historia»— le dedicara a la exuberante danzarina:

 

Alza, retando, la frente:

Crúzase al hombro la manta:

En arco el brazo levanta;

Mueve despacio el pie ardiente

Repica con los tacones

El tablado zalamera,

Como si la tabla fuera

Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo

En las llamas de los ojos,

Y el manto de flecos rojos

Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca;

Húrtase, se quiebra, gira

Abre en dos la cachemira,

Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;

La bata abierta provoca,

Es una rosa la boca,

Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,

El manto de flecos rojos;

Se va, cerrando los ojos,

Se va como en un suspiro […] 1

 

En ese poema, no solo se percibe la emoción que suscita en el Héroe de Dos Ríos los movimientos exactos y precisos de esa artista, a quien no vacilara en calificar de «divina», sino también el dominio que el bardo posee de los indicadores técnico-interpretativos en que descansa el flamenco, como legítima expresión de la cultura ibérica, a la que José Martí amara con pasión. Si bien se consagró en cuerpo, mente y alma a luchar por la libertad de nuestra patria, y ofrendó su preciosa vida por la independencia de Cuba, no es menos cierto que por sus venas corría sangre española y canaria.

Mayra Beatriz Martínez se desempeña como especialista del Centro de Estudios Martianos. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y de la Sociedad Cultural José Martí.

Los estudios realizados acerca de la vida y la obra del más universal de los cubanos han sido publicados, tanto en el país, como en el exterior.

Ha recibido las siguientes distinciones: Premio de la Crítica Martiana Cintio Vitier (2013); Premio Nacional de Ensayo Alejo Carpentier (2011); y Premio Nacional de Investigación Científica (2010) a los tomos 12, 13, 18 y 19 que integran la colección Edición Crítica de las Obras completas de José Martí, por el impacto social que generaran en el público y la prensa especializada.

Nota

José Martí. «X» [«La bailarina española»]. Citado por Mayra Beatriz Martínez. Martí ante la danza. Glosas a la gestualidad de una época. Editorial José Martí, La Habana, 2014: pp. 151-152

Tomado de Radio Progreso

 

 

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