El cañonazo de La Habana, patrimonio cubano

La ceremonia nocturna, que contempla el disparo de la salva desde uno de los cañones de la Cabaña, fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Este es un estruendo que se ha ganado, a golpe de puntualidad y recurrencia, el afecto de los capitalinos

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

Mientras algunos ven la telenovela por la noche y otros andan por las calles de la Habana Vieja o el Vedado, el cañonazo de las 21:00 hora local los sorprende sin previo aviso. Un estruendo que se ha ganado, a golpe de puntualidad y recurrencia, el afecto de los capitalinos.

La ceremonia nocturna, que contempla el disparo de la salva desde uno de los cañones de la Cabaña, fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en diciembre del año 2014.

Este llamativo espectáculo forma parte de las más antiguas tradiciones de nuestra urbe. Desde el siglo XVIII acompaña a los pobladores de la Isla que por aquel entonces debían retornar a la ciudad intramuros horas antes del cañonazo, símbolo del cierre de las murallas.

Visitantes nacionales y extranjeros acuden a la fortaleza San Carlos de la Cabaña para disfrutar del desfile militar. Un grupo de jóvenes con vestimenta de la etapa colonial encarna al pelotón de artillería de antaño y conduce la práctica marcial. El público atiende con detalle a cada paso de la ejecutoria y se las arregla para que los flashazos de las cámaras no falten. Por supuesto, no desdeña la imponente vista de la ciudad, considerada una de las 7 Maravillas del Mundo.

El cañonazo enriquece el legado y la identidad de la capital de todos los cubanos. Así lo manifiestan acertadas iniciativas como su representación gráfica animada en el Canal Habana cuando se aproximan las 21:00 hora local. La tradición se actualiza e integra a los habitantes también en otros escenarios.

A diferencia de lo que muchos piensan, la demostración nocturna en la fortificación fue detenida durante un tiempo en 1942, debido a la Segunda Guerra Mundial y la posible ubicación del archipiélago.

El atronador disparo continuará escuchándose en buena parte de la ciudad. Ya no hay que preocuparse por regresar a las casas de intramuros. Basta con oír el cañonazo y sabernos cómplices de la noche que se avecina.

 

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