Desandar el Parque Central

No supe calcular cuántos pasos circulan a diario por el Parque Central, pero conseguí algo más placentero: sentirme parte de una urbe llena de maravillas

Parque Central, La Habana

 Por: Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

¿Alguna vez usted se ha puesto a pensar en los lugares de nuestra ciudad que acaparan mayor cantidad de pasos? Me refiero a los sitios más concurridos diariamente por personas de cualquier región de Cuba e incluso foránea. A veces el pensamiento toma rumbos insospechados y sin percatarnos estamos colmándolo con preguntas de toda clase. Mientras desandaba hace algunos días por la calle Prado me topé inevitablemente con el Parque Central de La Habana.

Una vez en el centro de este trascendental espacio arquitectónico intenté predecir la cantidad de huellas que recibe en cada jornada. No tuve otra respuesta que la información captada por mis sentidos. A mi alrededor el bullicio generado por personas y autos, la imagen soleada típica de plena tarde y en medio de todo, nuestro Martí como testigo de cuanto hay a su alrededor. Desde 1905 la estatua del Apóstol ocupa esta explanada, pero la construcción del parque data de 1877.

Para un criollo resulta imposible atravesar el Parque Central sin pensar en toda la historia que guarda entre sus piedras. Probablemente esta sea una de las obras en la Habana Vieja que lleva la confluencia de más tradiciones patrióticas vinculadas el Héroe Nacional de Cuba. La propia estructura de la construcción lo manifiesta, existen 28 palmas reales sembradas como referencia al día en que naciera Martí. Además en el parque culmina la habitual marcha de las antorchas con que se celebra su natalicio cada año.

El sitio del que hablo es un tipo de espectro multicolor en que se combinan caracteres de lo que somos los cubanos. Basta sentarse unos minutos a contemplar a los transeúntes, sus hábitos, modos de hablar, diversidad de apariencias o la tan popular “esquina caliente”, donde el beisbol es protagonista. Solo hay que dejarse llevar por el ambiente que prima, aguzar el oído e intentar sentir más allá de lo usual, traspasar la manera cotidiana de ver y captar.

Hallaremos entonces sensaciones mágicas provocadas por un sitio que durante 138 años ha llevado en su cuerpo al andar de tanta gente.

Finalmente no supe calcular cuántos pasos circulan a diario por el Parque Central, pero conseguí algo más placentero: sentirme parte de una urbe llena de maravillas. Recordé el privilegio que tengo al dejar mis propias huellas en un trozo emblemático de mi ciudad.

 

 

Impactos: 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

7 − cuatro =