En busca del unicornio

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Imagen tomada de Cubasí

El libro En busca del unicornio de Graziella Poggolotti es síntesis de su vocación como maestra

Por Rubén Ricardo Infante

Sus dos últimos libros mencionan animales en sus títulos. Las memorias Dinosauria soy (2011) donde se revelaba como ese animal extinto, de una época pasada que sobrevive en el tiempo. Mientras en esta recopilación Graziella Poggolotti va En busca del unicornio (Ediciones Unión, 2015) para llevarnos sobre el lomo del equino mitológico hacia las zonas más complejas de la cultura y la sociedad cubanas en la actualidad.

Ambas marcadas por procesos como la instauración del kitsh, la democratización de los equipos tecnológicos y con ellos de la información, internet como soporte para el conocimiento, el intercambio y las comunicaciones, así como en una sociedad que en su paso acelerado por la Modernidad perdió nociones tan antiguas y necesarias como educación formal, el respeto, el gusto por la lectura, el papel del maestro y otros temas que no escapan a la sagacidad de quien durante muchos años ejerció la docencia, quien nació en el marco de una familia de artistas en constante intercambio con otros intelectuales.

Una mujer que no teme confesar que de niña violó cuanta regla le impusieron. Nada impedía que muy tarde en la noche leyera durante horas, que husmeara curiosa en las conversaciones de los adultos y ser descubierta por Carpentier en la travesura.

Para quienes le profesamos respeto por su labor como profesora, ensayista y promotora, nos es difícil imaginarnos a esa niña ávida por el conocimiento de manos de su padre ciego recorriendo la ciudad y compartiendo una aventura intelectual que la caracterizaría de por vida. Estos materiales publicados en el diario Juventud Rebelde durante los años 2006 hasta el 2015, son prueba testimonial de su interés por compartir su sabiduría de vida, sus conocimientos y su deseo de ejercer su vocación de maestra.

No faltan los textos que ponderan los oficios de herrero, carpintero o ebanista, ni los que señalan la importancia de la ética en maestros y profesores para llevar adelante el proyecto de nación, ni los que cuestionan las modas de la juventud más desprejuiciada. Cada época le imprime a sus hijos las señales de esta.

Algo me asombra en la perspectiva de la autora, y es la manera en que cuestiona, critica, enjuicia y sin embargo, se ubica en la posición del joven, caracteriza el proceso desde esta mirada y lo extiende hacia el resto. Su tarea ha sido promover discusiones profundas acerca del papel social, el cumplimiento de sus leyes y la manera en que se organizan los procesos desde esta lógica.

También nos remite a su experiencia vital, a los libros leídos a lo largo de los años y los que fueron marcando su paso con la fuerza de las historias. También dedica páginas a figuras como el Che, Yeye (Haydée Santamaría, Raúl Ferrer) y otros intelectuales cubanos.

La autora podríamos considerarla como esa pregonera que anuncia sus ideas. Con la fuerza del grito y la pausa para la respiración, como la serigrafía de Nelson Domínguez que ilustra la portada de En busca del unicornio.

 

 

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