Recordar a Ana Betancourt

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Ana Betancourt.

 Ella fue de las cubanas que entendió a cabalidad la necesidad de una nación independiente

Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

 

Este 14 de diciembre se conmemoró 184 años del natalicio de Ana Betancourt. Ella fue de las cubanas que entendió a cabalidad la necesidad de una nación independiente.

Tomó parte en la Asamblea de Guáimaro, acontecimiento trascendental de la historia patria. Entre el 10 y el 12 de abril de 1869 se produjo ese encuentro entre las fuerzas mambisas que definió pauta importante para el logro de la unidad.

Desde entonces se alzaba la voz de la mujer cubana para formar parte activa de luchas emancipadoras. Ana abogó frente a los congregados allí por la valía de las féminas y su vital contribución a aquella causa independentista.

Ciertamente los aportes de ella misma superaban el acompañamiento emotivo o espiritual. Betancourt se expuso al peligro de muchos modos. Su hogar era un punto estratégico para sostener la acción en el campo de batalla. Almacenaba armamentos y otros recursos de guerra.

Estuvo ligada a la insurrección en muchos planos de la existencia. Su esposo Ignacio Mora Pera también fue un valeroso mambí e integró el grupo de los camagüeyanos que tomaron partido en el levantamiento de Las Clavellinas.

Cuando Ana abogó por la emancipación de la mujer en Guáimaro, lo hizo con todo el derecho que confieren las hazañas. Decidió abandonar su casa e incorporarse a la manigua. Ana Betancourt era mucho más que una luchadora con ideales en favor de la figura femenina. Su empeño fue el de aunar todos los brazos posibles para la Cuba Libre.

Por ello hoy día, cuando alguna voz ignorante osa hablar del supuesto sexo débil, existen respuestas contundentes. El nombre de esta intrépida revolucionaria es una de ellas. Ana fue como esas mujeres que abundaron y abundan en todas las etapas de nuestra historia.

Cada período posee sus matices, pero hay esencias del ser humano que prevalecen. Por eso hay Anas en cada zona de Cuba. Basta con una mirada leve para que asomen por doquier esas que llevan en sí el coraje heredado de la Betancourt.

Tras ser capturada por tropas españolas y padecer maltratos, consiguió escapar del enemigo. La única manera de salvar su vida fue partir al exilio. Primero México y luego Estados Unidos desde donde continuó respaldando las causas de su isla natal.

Pensar a Ana hoy, significa corroborar su temple como hecho perdurable. Quedó en la gloria de Cuba, será recordada como signo de lucha y sostén de la independencia.

 

 

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