El buen vivir de Ecuador

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Correa lleva una década como líder del partido Alianza País y al frente de la Revolución Ciudadana.

Correa confía en continuidad de la Revolución Ciudadana

 

Por Mariela Pérez Valenzuela

El año 2016 estuvo marcado en Ecuador por dos noticias notables: la negativa del presidente Rafael Correa a una nueva postulación, y el terremoto que asoló ese país con saldo de más de 600 fallecidos y miles de heridos y desamparados.

La decisión de Correa, que lleva una década como líder del partido Alianza País y al frente de la Revolución Ciudadana que reestructuró a Ecuador desde sus cimientos, tuvo la inmediata reacción de la población. Un millón de firmas recogieron movimientos estudiantiles para hacerle desistir, pero el Presidente estima que la Revolución seguirá con pasos firmes en otras manos, pues para eso existe un relevo garantizado.

Al Mandatario no le falta razón en cuanto a la formación de cuadros del Partido oficialista que pueden darle continuidad al proceso revolucionario, pues incluso ya la agrupación izquierdista no solo aprobó su candidato a las elecciones del próximo febrero, sino que también dejó listo en Plan 2017-2020, el cual garantizará la mantención de los logros socio-económicos alcanzados en los últimos 10 años.

Antes de la asunción de Correa en el 2006, Ecuador era conocido por su desigualdad social, los cambios de mandatarios –a los tres últimos el pueblo los sacó del Palacio de Carondelet por incumplir con sus expectativas- y las pocas posibilidades de cambios positivos a lo interno.

Sin embargo, desde ese año comenzó la positiva transformación de la nación situada en el meridiano del Planeta, que hoy exhibe un sostenido crecimiento económico de 3,9% anual, por encima de la mayoría de los restantes de América Latina y a pesar de la afectación por los bajos precios del petróleo este año.

Educación y salud gratuitas, empleo seguro –incluso muchos que dejaron el país por razones económicas están regresando- tranquilidad ciudadana, respaldo internacional, respeto a los derechos humanos, hacen de Ecuador una referencia para el desarrollo personal y social.

Correa y su gabinete se han empleado a fondo, unidos a organizaciones integracionistas de nuevo tipo basadas en la solidaridad, las cuales ayudaron a la consolidación revolucionaria. También el gobierno de Alianza País ha retribuido con su ayuda material y espiritual a varios Estados de América Latina y El Caribe en situaciones extremas.

La Orden Iberoamericana de la Justicia le fue entregada este mes al Mandatario –que dotó al país de una nueva Carta Magna tras implantar una Asamblea Constituyente- en el entorno del Día Internacional de los Derechos Humanos.

De esa manera, los ministros de Justicia de esa región reconocieron la protección y avances alcanzados bajo sus mandatos en materia de justicia y derechos humanos, dos palabras que poco significaban en la etapa anterior al gobierno de Alianza País y su máximo dirigente.

Desde que asumió en el 2006, el gobierno aprobó más de 190 leyes, seis de ellas este año, que en casi un 40% están encaminadas al desarrollo nacional.

El sustituto de Correa, otro hombre de ley

Uno de los momentos políticos de mayor importancia este 2016 fue la selección del candidato de Alianza País que se presentará a las presidenciales.

El político que si gana las elecciones deberá cumplir el Plan Nacional del Buen Vivir 2017- 2021, tercero de su tipo  en 10 años, es el ex vicepresidente Lenin Moreno, un hombre que destaca por su honestidad, perseverancia, responsabilidad y sensibilidad social.

Acompaña a Moreno –que tiene ahora la preferencia del electorado- en la chapa el ahora vicepresidente Jorge Glas, otra figura que goza también de la simpatía del pueblo por su labor en el mandato que ahora concluye Correa.

La consolidación de la Revolución Ciudadana quedó demostrada el pasado 16 de abril cuando un terremoto de 7,6 grados asoló la costa pacífica de esa nación, en momentos en que el Presidente se encontraba en Italia en una gira por Europa. De inmediato Correa interrumpió su viaje y retornó a Ecuador y cuando llegó a los lugares afectados ya varios ministros de su gabinete estaban cumpliendo las orientaciones dictadas desde Roma.

Esos fueron momentos que demostraron la fortaleza del gobierno y de su partido, de la organización y de la confianza de la población en la recuperación de las zonas afectadas por el sismo, atendidos de inmediato por brigadas médicas de Cuba.

Aunque han sido altos los logros alcanzados gracias a la voluntad política de sus dirigentes, la Revolución Ciudadana –como otras expresiones de cambio en Latinoamérica-, no está exenta de peligros organizados por una derecha fortalecida en los dos últimos años.

Incluso el Mandatario fue víctima de un golpe de Estado policial en el 2010, del cual fue rescatado por fuerzas leales del Ejército y la movilización del pueblo en las calles que exigían su retorno.

Estados Unidos y sus aliados de la región miran con malos ojos a este país de unos 16 millones de habitantes, que se recuperó de una economía arruinada por el sistema neoliberal, pues desde que era candidato, Correa manifestó su ideología antiimperialista.

Incluso una de sus primeras medidas fue sacar del territorio nacional la base militar que Washington tenía en la zona de Mantua, sin derecho a un retorno.

En recientes declaraciones, Correa dejó claro que lo más importante que ha hecho la Revolución Ciudadana es devolverles la autoestima a los ecuatorianos, que dejaron de ser considerados ciudadanos de tercera categoría, en especial sus indígenas, ahora con sus derechos garantizados en un país independiente.

El 2016 fue un año de reafirmación política en Ecuador, y el que se avecina tendrá duras pruebas por delante, si se toma en cuenta los matrices de opinión que la prensa derechista intenta crear en torno a los principales líderes oficialistas y el crecimiento de la Revolución Ciudadana.

 

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