¿Qué cosa?: La costurera

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Fotograma del cortometraje.

El cortometraje no es el making off de la canción, así que solo es un pretexto para ir de la música al audiovisual

 

Por Rubén Ricardo Infante

El cortometraje de ficción La costurera (Rosa María Rodríguez, 2016) presentado en el Centro Cultural Fresa y Chocolate es resultado del pitching que convoca el evento Almacén de la imagen para los jóvenes realizadores.

En uno de los últimos éxitos musicales de la arrolladora orquesta de Cuba: los Van Van, el coro preguntaba: «¿Qué cosa?» y Yeny respondía: «Que cosa la costurera».

Lo cierto es que la canción apelaba, por un lado, a la riqueza del idioma donde “cosa” es utilizado para describir cualquier COSA; mientras, por el otro, las costureras mantienen viva una de las pocas tradiciones en el arsenal de los oficios en Cuba[1].

Pero el cortometraje no es el making off de la canción, así que solo es un pretexto para ir de la música al audiovisual.

El cortometraje como formato es ideal para presentar historias donde la síntesis y el grado de expectación son dos reglas a llevar de la mano. De su íntima relación nace un buen corto: preciso en la narración (no hay tiempo para disgresiones narrativas); atractivo en su historia (no hay nada nuevo bajo el sol); sugerente en el final (no hay que ponerse categóricos) dejar que las imágenes señalen pistas, nunca caminos únicos.

Estas premisas las conoce bien Rosa María y las aplica a La costurera. Donde maneja con sutileza lo referente al universo infantil, desde sus apreciaciones del mundo exterior. Mientras enlaza la idea de nacimiento y muerte, desde posiciones que son, al mismo tiempo, antagónicas y complementarias. La muerte de la costurera desata en la casa un conjunto de situaciones que van de lo real a lo imaginario. La vieja máquina de coser Singer es ubicada en otro cuarto, y cuando el silencio es mucho, escuchamos el movimiento del pedal.

Dentro del uso de los recursos, desde lo visual, se integra con armonía los fragmentos en animación que le otorgan atractivo a la narración; mientras en lo referido a lo sonoro resulta explotada la voz que narra la historia, elemento que le resta las infinitas posibilidades sugestivas que una obra de arte posee.

Con la producción de rodaje de Kareline Pérez y Yamila M. Montero en la fase de postproducción, la edición de Enmanuel Peña y la asistencia de dirección de Armando Capó, el corto es resultado del trabajo de un grupo de realizadores y especialistas de los distintos perfiles de la realización audiovisual.

Rosa María ha realizado, además, el corto La casa (Beca El Reino de Este Mundo de la Asociación Hermanos Saíz y Tesis de Graduación de la filial holguinera de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes en las especialidades de producción, fotografía y dirección.

Premiado en el pitching del Almacén de la Imagen en el año 2014, y con el apoyo del Fondo Noruego para el Cine Cubano, la Muestra Joven y otras entidades, el corto es la demostración del empeño de jóvenes realizadores por mostrar una(otra) zona desde el audiovisual cubano.

 

[1] Reina María Rodríguez: El libro de las clientas. Letras Cubanas. 2005

Impactos: 2

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