Brasileños terminan 2016 en compleja situación política

Demonstrators march holding a banner that reads in Portuguese "Temer Out," during a protest organized by the workers roofless movement, against Brazil's acting President Michel Temer, and in support of Brazil's suspended President Dilma Rousseff, in Sao Paulo, Brazil, Thursday, May 12, 2016. In his first words to Brazilians as acting president, the former vice president promised to beef up the fight against corruption, and in particular said he will support the sweeping investigation into a mammoth kickback scheme at state oil company Petrobras. Temer himself has been implicated by witnesses in the probe, though he has not been charged. (AP Photo/Andre Penner)
Como un hombre falso y defensor de los ricos consideran al Presidente usurpador la mayoría de los brasileños.

El presidente usurpador Michel Temer es rechazado por el pueblo

 

Por Mariela Pérez Valenzuela
En Brasil, el año que culmina demostró, en primera instancia, el estado de podredumbre del Congreso Nacional y de figuras políticas que apoyadas por la prensa aliada de la oligarquía logró la destitución de la presidenta legítima Dilma Rousseff el pasado 31 de agosto bajo acusaciones que hasta hoy siguen sin comprobarse.

Algunos politólogos estiman que nunca antes hubo un episodio tan bochornoso en Brasil, en el que diferentes fuerzas políticas reaccionarias actuaron movidas por cifras millonarias o cargos de por medio para criminalizar a la Mandataria, electa en un segundo mandato por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Michel Temer, vicepresidente del gobierno y líder del partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), ocupó el Palacio de Planalto en medio del estupor de la población, pues esa agrupación tradicionalmente siempre actuó en la sombra, solo como apoyo político, ya que aunque posee fuerza en los Estados, nunca contó con un líder aceptado y capacitado para ocupar la Primera Magistratura.

Este individuo resultó ser el organizador y articulador de los ataques contra la presidenta en el Congreso Nacional. Rousseff debió unirse al PMDB para formar gobierno, del que la separaba, y el tiempo lo demostró, una infranqueable brecha ideológica.

Analistas coinciden en que con Temer en el gobierno el sistema neoliberal, impulsado en los años 90 del pasado siglo por el presidente Fernando Henrique Cardoso, de la Social Democracia (PSDB) retomaría el control de la economía, con su habitual sistema de ajuste fiscal y el empobrecimiento mayor de la población.

La situación política y personal de este personaje al que llaman camaleón es ahora más endeble que cuando ocupó el más alto sitial en el Palacio de Planalto en medio de acusaciones de fomentar el golpe de estado parlamentario entre senadores y diputados. Se estima que la tercera parte de los integrantes del órgano parlamentario están involucrados en diferentes casos de corrupción.

Del gabinete que Temer nombró en solo cuatro meses han renunciado 12 ministros por presunta vinculación con el escándalo de la Petrobras, la estatal petrolera que ha sido saqueada durante décadas por políticos y jefes administrativos.

Incluso, la pasada semana, el presidente del Senado, Renán Calheiros, fue suspendido del cargo por participar en un soborno, pero luego fue repuesto por sus propios acusadores del Tribunal Supremo de Justicia. Antes, Eduardo Cunha, el jefe de la Cámara de Diputados que aceptó las falsas acusaciones contra la Presidenta fue detenido por ladrón.

Temer tampoco se salvó de la acusación de varios movimientos sociales y un grupo de juristas que solicitan su impugnación por tráfico de influencias, una práctica común entre los políticos del más extenso país de Suramérica, poseedor de grandes riquezas, incluidas las naturales.

El juez Marco Aurélio Mello ordenó a la Cámara de Diputados instalar una comisión para analizar el pedido de juicio político, pero la solicitud puede ser engavetada por el nuevo presidente de esa instancia, Rodrigo Maia, uno de los compinches del Mandatario en el Legislativo.

Como un hombre falso y defensor de los ricos consideran al Presidente usurpador la mayoría de los brasileños, reveló este domingo una encuesta de la firma Datafolha, una de las más prestigiosas de la escena brasileña.

Un 75% de las dos mil 800 personas participantes en el muestro consideró a Temer como defensor de los detentores de la mayor riqueza del país; el 65% lo calificó de deshonesto; el 50% lo llamó autoritario; y un 63% lo confirmó como muy inteligente.

Evaluado de mal como ser humano, tampoco su desempeño político resultó convincente. Datafolha estableció una escala de cero a 10 puntos para calificar al gobierno con apenas 3,6. Un 40% de los encuestados estimó su gestión peor que la de Reauseff , un 34% igual, y 21% mejor.

También el 51% de los interrogados los días 7 y 8 de este mes precisaron que la administración actual es mala o pésima, casi un 20% más, cuando en julio la gestión logró un 31%. A eso se le une que otro 35% la calificó de regular.

El diario Folha de Sao Paulo, que solicitó la muestra, recordó que esta se realizó antes de que se conocieran fragmentos de delaciones de ejecutivos de la empresa Odebrecht, investigada por la operación anticorrupción Lava Jato (Limpieza profunda) en las que Temer fue mencionado en 43 ocasiones. Algunos círculos políticos brasileños y extranjeros mencionan la posibilidad de adelantar las elecciones presidenciales del 2018 para el próximo año, dado que la nación se encuentra en una crisis de gobernabilidad dada por las diferencias entre los poderes legislativo y judicial, a lo que se une la baja popularidad del presidente que llegó al cargo de manera fraudulenta.

La presencia en las calles de millares de personas en rechazo a Temer, dos paros nacionales organizados por los sindicatos y organizaciones sociales, y su política a favor de los grandes capitales son otros factores para la eventual convocatoria a comicios adelantados. En este nuevo escenario aparece como favorito a ganar las posibles elecciones el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, líder del PT, y quien es acosado en la actualidad por el Tribunal Supremo de Justicia con acusaciones no probadas en el interés de la reacción de desprestigiar a los líderes populares, tal como hicieron con la Mandataria y evitar su candidatura.

En un especulativo escenario, como principal contrincante de Da Silva aparece Aécio Neves, del PSDB, quien perdió los últimos comicios frente a Rousseff y que es representante de la oligarquía nacional. Hombre del ex jefe de gobierno Cardoso, y del empresariado, sería, de darse el caso, un fuerte contrincante de Lula da Silva, quien se mantiene como el Presidente más popular en la historia nacional.

Entre las medidas neoliberales adoptadas por Temer y rechazada por sindicatos y trabajadores está el impulso a reformas legales para aumentar la jornada laboral a 12 horas diarias, el aumento de la edad mínima de jubilación a 65 años, la promoción de la Ley de Subcontratación (tercerización), para contratar a terceros incluso para la actividad que prestan las empresas.

También la venta de 34 empresas estatales, incluida la Petrobras, considerada la niña linda de la economía nacional, así como reformas en la enseñanza media que elimina el currículo universal para todos los alumnos y suprime disciplinas como Educación Artística y Física, Filosofía y Sociología.

Además congeló en el presupuesto nacional la partida dedicada a los gastos sociales para los próximos 20 años, lo cual pone en peligro los programas impulsados por Rousseff y Lula da Silva.

 

 

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