Helga Sthephenson: “El nuevo cine es una gran pasión”

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Helga Sthephenson, Coral de Honor del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

En medio de la dinámica del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, conversamos con Helga Sthephenson  a raíz de recibir un Coral de Honor

 

Por Gabdiel Silva González

En medio de la dinámica del Festival, el Hotel Nacional se convierte en un hervidero de ideas, encuentros, diálogos… La conversación con Helga Sthephenson fluyó con la naturalidad de dos amigos que se reencuentran y toman unos cafés juntos. “Acabo de dejar eso en junio”, nos dice al referirse a su cargo como jefa de la Academia Canadiense de Cine y Televisión por más de cinco años. Ante la sorpresa en nuestros rostros, recalca: “La dejé por vieja”. Una carcajada se instala en la mesa y el café está servido.

¿Qué significa para Helga recibir un Coral de Honor de un Festival que tanto usted ha apoyado?

Es un honor inmenso. No lo esperaba. Es una gran sorpresa para mí. El nuevo cine es una gran pasión que he tenido durante varios años. Llevo mucho tiempo promoviendo este cine.

¿Satisfecha?

No, no termino nunca.

¿Desde cuándo participa en el Festival de La Habana?

Creo que he asistido a todos los festivales aquí. En 1974 viví en Cuba, y conocí a Titón y otros integrantes del ICAIC. Hace ya 43 años.

¿Qué recuerda de Tomás Gutiérrez Alea?

Era un hombre gentil. Cuando era directora del Festival, en una ocasión me llamó para pedirme que lo invitara. Su intención era investigar. Escribía el guion de Fresa y chocolate.

¿Cuáles fueron sus primeras actividades para promocionar el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano?

No se conocía. Pero en ese momento desde el Festival de Toronto decidimos concebir la muestra de cine latinoamericano más grande del mundo. Eran tiempos de fundación, se creó la Fundación del Nuevo Cine, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV)… era la etapa en que el nuevo cine salía de lo oscuro. Nos llevamos 92 películas a Toronto con sus cineastas. Había un gran interés.

¿Qué pasó después?

Incluimos algunas películas en retrospectivas, junto a otras más recientes. Espectadores, productores y distribuidores mostraron gran interés y descubrieron nuevos talentos. Desde entonces se creó una sección, donde cada año se presentan nuevas obras.

Toronto se ha convertido en un gran mercado para el cine de esta región. Pues en estos momentos el cine latinoamericano está en el tope de la montaña, hoy domina el mercado cinematográfico. No desde el punto de vista nacionalista, sino como continente.

¿Qué le atrapa de los discursos de este cine…?

Se trata de historias. Son al mismo tiempo universales e historias de gente común.

El Festival se ha caracterizado por proponer obras que analizan temáticas económicas, políticas, sociales… ¿Cómo influyen estas para el cine que se hace en su región?

Es una buena pregunta. Me deja pensando, ahora mismo no puedo responderla.

¿Pudiera comparar ambos eventos?

Tienen gran prestigio. Ganado a partir de la calidad de las películas y el Festival de La Habana tiene fama de presentar buenos filmes.

Helga, en medio de este contexto ¿cuáles son los desafíos para el cine latinoamericano?

Seguir. Seguir en un mundo donde no se sabe qué va a pasar con el cine.

 

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