Wifredo Lam en la memoria

lam
Wifredo Lam.

En diciembre las artes visuales veneran a uno de sus más descollantes cultivadores

 

Por Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

En diciembre las artes visuales veneran a uno de sus más descollantes cultivadores, Wifredo Lam. El día 8 se conmemoran 114 años de su natalicio, parto del que aflorara un hombre multicolor. Lam es de esos seres hechos de atractiva mezcla: padre chino y madre criolla. Ello supuso un punto de partida para llevar al lienzo ese universo rico de combinaciones.

Con sus ojos rasgados asimilaba las formas del imaginario propio y ofrecía figuras que provocan embeleso. En las composiciones cubistas con toques del surrealismo nos invita a formular nociones propias. Es cierto que todo pintor podría dejar un espacio para la libre interpretación de su público, pero Lam era una especie de mago. Los trazos suyos invitan a perderse en una cadena de líneas curvas, cuerpos puntiagudos y alguno que otro elegguá.

No debemos dejar de lado el misticismo, la religión afrocubana de los cuales es deudora la vasta obra pictórica del artista cubano. Las tradiciones  que sustentan su cubanidad, abocadas al ritual, fueron expuestas con sutileza y efectividad. A Wifredo se le recuerda hoy por introducir en nuestra pintura los rasgos de la cultura negra desde una perspectiva afincada en la tradición, pero expandida a la modernidad.

Wifredo Lam fue de los seres que no podrían haber nacido en alguna otra parte. Como un enigma afortunado se produjo su llegada al mundo, en la isla que le esperaba ansiosa por ser retratada. Antes de existir, ya le esperaban cúmulos de vida insular que aguardaban por el talento que los inmortalizara con óleo.

El pintor no fue empírico: pudo cursar estudios académicos en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura San Alejandro. En España también logró extender sus posibilidades hacia el arte más académico mediante retratos y paisajes. Sin embargo, Cuba sería una fuente inspiradora imposible de obviar estética y temáticamente.

Sus últimos días transcurrieron en París, allí se le escuchó pronunciar las palabras finales. Allí lanzó las miradas de la despedida para captar los tonos de la vida que acaba. Seguramente le faltaba su rincón del Caribe. Lo tuvo luego: en su país natal fue sepultado. Lam habita en la obra que produjo, Wifredo quedó en la memoria. Hoy la realidad de todos es ya parte inconmensurable de su biografía.

 

Impactos: 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

1 × tres =