Operación por la patria

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Es imposible olvidar aquel 7 de diciembre de 1989, cuando cada rincón de Cuba abrió los brazos para recibir a sus amados hijos

 

Por Rosa Pérez López

Como muchas veces asegurara el eterno Comandante en Jefe, de otras tierras del mundo solamente trajimos los restos de nuestros internacionalistas: fue esa la única riqueza que para siempre quiso atesorar en su alma un país como el nuestro, forjado en el precepto martiano de que “Patria es humanidad”, y en los sentimientos solidarios inculcados por Fidel.

Es imposible olvidar aquel 7 de diciembre de 1989, cuando cada rincón de Cuba abrió los brazos para recibir a sus amados hijos. Es imposible olvidar el llanto de nuestro pueblo enérgico y viril al contemplar las urnas funerarias que contenían tanto heroísmo, abnegación y sacrificio.

Es imposible olvidar el numeroso tributo de millones de cubanos a sus recobrados muertos, redivivos en su magnánima y ejemplar ofrenda, que ha seguido renovándose cada vez que un compatriota asciende ese altísimo escalón de la condición revolucionaria que es el internacionalismo.

De otras tierras del mundo solamente trajimos los restos de nuestros internacionalistas, para que aquel 7 de diciembre la grandeza del General Antonio Maceo se multiplicara en cada una de las simientes que hace veintisiete años recibiera con tanta veneración y orgullo el alma de la Patria.

 

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