Música cubana alternativa: un divino guion

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El libro Concierto cubano: La vida es un divino guion, de Joaquín Borges Triana, muestra los acordes de la música cubana menos comercializada

 

Por Rubén Ricardo Infante

La obra del periodista y crítico musical Joaquín Borges Triana la hemos visto publicada durante años en las páginas del Juventud Rebelde para que aprendamos a soñar por la oreja, como él; o en El Caimán Barbudo. Este ejercicio del criterio, que con el tiempo ha ido perfeccionando, lo convierte en uno de los principales estudiosos de las nuevas tendencias musicales cubanas.

Con el conocimiento adquirido, Borges se inició en el proyecto de realizar una tesis doctoral sobre la música cubana desde los años 70 hasta nuestros días, con la perspectiva de la llamada música alternativa. La defensa de este Doctorado en Ciencias sobre Arte por la Universidad de las Artes de Cuba, le otorga un título académico que ya se había ganado con la práctica, pero siempre es bueno sistematizar, sobre todo cuando se ampara en los aportes que ha realizado a lo largo de su desempeño profesional.

Concierto cubano… es síntesis de ese proceso. En él analiza un conjunto de aspectos en el orden artístico y el marco social donde se desarrolla esta música en el contexto cubano actual. La música cubana alternativa se compone de géneros como el rock, el hip hop, el pop y la canción, todos ellos aportando nuevas sonoridades al amplio arsenal que es la música cubana en su devenir histórico.

La manera en que descompuso el objeto- y apelo a criterios de orden metodológicos- fue a partir de una mirada interdisciplinaria, donde se investiga a partir de postulados de ciencias como la sociología, la antropología, la filosofía, la historia, el periodismo y los estudios literarios. Para así, articular un discurso que analiza algunas de las poéticas que predominan en las recientes generaciones de músicos cubanos y su vinculación con el pensamiento sociocultural desde la mitad de la década del 80´del pasado siglo hasta nuestros días.

Con un acertado uso de las referencias teóricas, el análisis no se limita a exponer criterios aislados, sino que sistematiza útiles conclusiones, aporta luces sobre temas poco abordados, enjuicia prácticas o fenómenos que se apartan del tema, pero que de igual manera lo modifican: “nada de lo que ha pasado en materia de cultura en Cuba en estos algo más de veinte años es obra de la casualidad sino resultado de una causalidad”.

En ocasiones apela al enjuiciamiento. Una serie de preguntas motivan que el lector se cuestione criterios como: “¿Qué significa la expresión «música nacional»? ¿Quién hace la determinación de «lo nuestro»? ¿Qué se quiere expresar cuando se habla de «lo propio» o «lo ajeno»? ¿Para quién algo en materia de música es «suyo» o de «otros»? ¿Por qué la maniática persecución de lo nacional en la obra de un músico al que lo que le interesa es, por ejemplo, cultivar alguna de las expresiones del metal extremo? ¿Será porque resulta difícil soportar el trauma de que la cuna nacional se vuelva relativa?”.

Una verdad si grita a voz en cuello: pocas veces la música cubana alternativa se ha estudiado de esta manera. Lo que aporta a la propuesta de Borges Triana la doble condición de mostrar una zona casi inexplorada y de hacerlo con la suficiente dosis de conocimiento para abordar el tema con la profundidad que amerita.

La incidencia de fenómenos como la promoción atentan contra el lógico desarrollo de esta tendencia, porque en ocasiones no se difunden los mejores representantes de un género.

 

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