En Cuba no hay niños abandonados a su suerte

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Foto: Radio Rebelde

No pocos visitantes foráneos se asombran cuando conocen que casi todos los niños cubanos van a la escuela y existen Hogares para los que no tienen amparo filial

 

Por Carlos Heredia Reyes

Conocedores de la triste realidad que viven sus propias naciones, u otras también visitadas por ellos, muchos turistas extranjeros se sorprenden de no encontrar en las ciudades cubanas a niños y adolescentes abandonados a su suerte, víctimas de la prostitución, la droga, de enfermedades como el VIH-SIDA y de bandas criminales, además de estar alejados de sus familias y de la escuela.

Es tan grande el nivel de desinformación que suelen tener de los avances de Cuba en materia de educación, salud, bienestar y seguridad social, incluyendo la tranquilidad ciudadana, que resulta lógico escuchar a algunos preguntar si acá no hay niños de la calle, tal cual se denomina –o se agrupa- a esos millones de menores de edad sin ningún tipo de protección y atención social u humanitaria que, diseminados en decenas de urbes del planeta, a diario se ven obligados incluso a matar y robar para poder subsistir.

Aunque no siempre en toda la dimensión del fenómeno y sin escudriñar en sus causas, varias telenovelas latinoamericanas han aludido al asunto, un problema global derivado del aumento de la brecha entre ricos y pobres, de las guerras, del terrorismo, de las masivas oleadas de inmigrantes y de otras tantas tragedias que el capitalismo – de crisis en crisis- no ha podido resolver, y que por supuesto también está presente en Europa, África, Medio Oriente y Asia.

Entonces no pocos visitantes foráneos se asombran cuando conocen –y constatan- que además de que casi la totalidad de los infantes cubanos va a la escuela, existen los llamados Hogares para niños sin amparo filial, centros de asistencia social creados en 1984, por acuerdo del Consejo de Estado.

En ellos a los niños, adolescentes y jóvenes huérfanos, abandonados por sus padres o tutores, o que estos cumplen alguna sanción penitenciaria, son alcohólicos o enfermos psiquiátricos, se les proporciona condiciones de vida semejantes a las de un hogar (educación, alimentación, atención médica y los incorpora posteriormente a la sociedad al llegar a la edad adulta).

Cada vez que nuestra prensa refleja la atención que se les brinda, un denominador común en toda institución cubana de ese tipo es el infinito amor y respeto que reciben esos muchachos por los educadores a su cargo, y en reciprocidad cuánto quieren a “las seños”, a esas infatigables mujeres que también allí tienen su otro hogar, otros “hijos” que educar.

Al decir de Liusbi Monteagudo Pérez, directora en Cienfuegos de lo que se conoce como Villa Emilia, y quien se ha ganado el apelativo de Mami Liusbi, “el personal tiene el deber de compensar la falta de familia y afecto, asistir a las reuniones de padres en las respectivas instituciones escolares, así como asumir el papel de un domicilio acogedor, con las condiciones óptimas de organización, higiene y estimulación”.

Allí sus internos reciben atención médica, educación, alojamiento, alimentación, uniforme escolar, ropa de vestir y calzado, además de un estipendio para sus gastos particulares, y los fines de semana se organizan actividades recreativas, culturales, deportivas y casas de estudio docentes con el objetivo de insertarlos en la comunidad.

En la capital, al igual que en el resto del país, en instituciones como el Círculo Infantil Juan Oscar Alvarado Miranda, del municipio de La Lisa, 13 infantes de entre 3 y 6 años de edad, han encontrado un nuevo hogar, mientras comparten juegos y vivencias con otros 58 niños externos.

La Máster en Ciencias  Missia Chaviano, directora del centro, comentó al periódico Tribuna de La Habana que la pretensión no es sustituir las figuras paternas y maternas en el imaginario del niño, sino proporcionarle un espacio seguro donde superar poco a poco su pérdida y continuar con el curso normal de su crecimiento y desarrollo.

En tal encomienda se vuelca un equipo de educadoras, auxiliares, veladoras nocturnas, enfermeras y demás personal no docente, que trabajan por satisfacer las necesidades de estos pequeños, quienes en muchas ocasiones requieren atención psicológica.

“En el caso de que un niño tenga que ser acogido por una institución de asistencia social (círculos infantiles mixtos u hogares para niños sin amparo familiar), se les considera tutores entonces a los directores de esos centros”, explicó recientemente al diario Granma Darío Delgado Cura, Fiscal General de la República de Cuba.

“De hecho, -acotó- existe una red nacional que incluye los dos tipos de centros mencionados, que fue constituida mediante el Decreto-Ley No. 76, en 1984, y está concebida para la protección de aquellos menores que, por diferentes razones, han quedado sin el abrigo de su familia. Dicho sistema se encuentra presente en todos los municipios y provincias”.

Es tanto el amor y atenciones especiales recibidas allí, la convivencia en familia, que en momentos de tristeza y nostalgia se convierten esas horas o días en que ya alguno de los muchachos egresa de la institución al ser adoptados o sujetos a tutela, al contraer matrimonio, al finalizar sus estudios e incorporarse a la vida laboral, o cuando son llamados al servicio militar activo.

 

Fuentes consultadas:

http://www.unesco.org/new/es/social-and-human-sciences/themes/fight-against-discrimination/education-of-children-in-need/street-children

http://www.cubahora.cu/sociedad/dosis-de-amor-repartidas-en-cienfuegos

ww.granma.cu/cuba/2015-12-09/proteger-lo-mas-humano-de-nuestra-especie-09-12-2015-

http://www.tribuna.cu/sites/default/files/PDFs/41/PAG%204-10%20de%20Octubre_TRIBUNA%20DE%20LA%20HABANA_opt.pdf

 

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