Recordar a Rine

Rine Leal
Rine Leal

Este hombre tuvo en el teatro su más grande amor. Pensar en él es acudir a corrientes de inteligencia y sabiduría

 

Por Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

Tantas voces no pueden estar equivocadas cuando dicen que Rine Leal es el padre de nuestra teatrología. Hombre de la escena que ofreciera sus horas a las tablas con una mirada crítica capaz de penetrar los escollos de la escena. Fue el artífice de un núcleo de pensamiento que rebasaba el análisis simple. En 2016 se cumplen 20 años de su partida, cada teatrista consciente de su obra lleva el recuerdo y la gratitud para el gran maestro.

Cuando el 21 de marzo de 1990 le otorgaran el grado científico de Doctor en Arte Teatral en el Instituto Superior de Arte (ISA), dijo: “Creo en los jóvenes y estudiantes, a quienes debemos dejar libre el camino”.

El tiempo ha querido que sus palabras tuvieran absoluta certeza y hoy muchos de sus discípulos conforman la primera línea de la teatrología. Ese día en que su modestia le llevaba a afirmar que no merecía tal categoría, pronunciaba su credo teatral, texto que muchos consideran la cartilla del teatrólogo.

Rine Leal
Su acuciosa labor investigativa dio lugar a varias antologías, que refieren momentos significativos de la creación teatral cubana

Su quehacer le llevó a importantes publicaciones como el periódico Pueblo, Lunes de Revolución o la revista Bohemia. Colegas suyos de cada sitio por los que transitó lo recuerdan con un cariño conmovedor. Así se manifestó el 18 de mayo pasado en la Casa del Alba Cultural en una jornada homenaje al eminente teatrólogo.

La cita estuvo convocada por el Departamento de Estudios Cubanos del ISA y fue el marco propicio para recordarlo mediante anécdotas y esbozos de su obra. Los presentes relataron su modo de aproximarse a Rine e, incluso, incentivaron un intercambio rico en torno a la historia de Cuba circundada por sucesos teatrales.

En una necesidad de vida se convirtió para Leal, conocer las creaciones escénicas concebidas en el mundo: por eso fue tras la búsqueda del teatro construido en Italia, Holanda, España y Francia. Su compromiso con el acto creativo era tal que asumió incluso la dirección del Teatro Experimental de La Habana.

Algunos de los presentes relataron con nostalgia aquel momento en que Rine partía a Venezuela y la premonición de que no lo verían más. Así se nos fue para siempre este maestro porque la muerte lo sorprendió antes de retornar a La Habana. Su deseo era vivir los últimos días en la ciudad por la que sentía especial devoción, al decir de sus compañeros.

Su libro La selva oscura es un modo ideal de captar el pensamiento de un hombre que tuvo en el teatro su más grande amor. Pensar en él es acudir a corrientes de inteligencia y sabiduría.

El teatro cubano entre otras esencias, tiene a Rine Leal.

 

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