Cuando fumigar no basta

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En días alternos, durante muchos años, la escuela Sergio González vierte indiscriminadamente agua potable. Foto: Abel Padrón Padilla/ACN

Durante un recorrido por el municipio de 10 de Octubre, el más poblado de la capital, se detectaron algunas irregularidades

 

 Por Enrique Valdés Machín

Cuba, con probada experiencia en la lucha antivectorial, reactivó su campaña contra el Aedes Aegypti, el principal agente transmisor, y en esta ocasión, la percepción del peligro sensibilizó a la población de tal manera que la inmensa mayoría exige la fumigación intradomiciliaria.

El humo que antaño molestaba ahora es casi una bendición, y pocos se acuerdan que esta batalla lleva años y que los mosquitos proliferaron porque ellos cerraron las puertas del raciocino y abrieron las de la indolencia.

Así fueron despilfarrados importantes recursos, mientras ni los campañistas anti vectoriales ni los vecinos en los barrios, ni los encargados de velar por la calidad de esa labor fueron capaces de ponerle coto a tamaña indisciplina.

El Zika dio el alerta. Al llamado del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, el país se movilizó para evitar la propagación del nuevo virus. Sin embargo, a lo largo de los días algunos problemas amenazan la calidad y el resultado esperado.

Durante un recorrido por el municipio de 10 de Octubre, el más poblado de la capital, se detectaron algunas irregularidades.

El cine Moderno, en la esquina de Toyo, desde hace mucho tiempo cambió su objeto social para convertirse en un hotel cinco estrellas… para vectores.

A poco más de 100 metros, en la Avenida de 10 de Octubre y Enamorado, entre el Banco y la tienda Dita, se derrumbó una edificación que afectó la estructura de este establecimiento comercial y el abandono de la mano de la indisciplina social convirtió el sitio en un alarmante vertedero.

María Elena Vargas, gerente de Dita, aseguró que la brigada de demolición solo extrajo algunos escombros, y nada más.

Recientemente, dijo, un camión limpió la fachada, pero en el interior la situación epidemiológica compromete seriamente los actuales propósitos.

Incluso, comentó Vargas, cuando una de las tuberías comenzó a verter agua limpia hacia afuera, la dirección de la tienda tuvo que arreglarla, pero el agua que allí quedó bien pudiera fomentar un criadero de Aedes.

En Santa Emilia esquina a Flores, frente a la escuela primaria Sergio González, el sitio que una vez albergó una tienda de canastilla, después una OFICODA y, por último, una consultoría jurídica, permanece en deplorable estado de abandono hace más de dos años.

Margarita Rosabal, una de las vecinas, declaró a esta agencia que, además de la espeluznante suciedad, duele constatar cómo con total impunidad elementos inescrupulosos se apropiaron de los enormes cristales, la marquetería, puertas, ventanas, herrajes y ahora de las losas del piso.

Esto, aseveró, se plantea en todas las reuniones, pero nunca hay respuesta, el peligro epidemiológico para los niños de la escuela es evidente.

En idéntica situación permanece una edificación destruida en San Indalecio, entre Correa y Santa Irene.

“Ya ni siquiera nos acordamos de la cantidad de años que esto está así. Hoy la edificación devino baño público, un gran vertedero y en ocasiones hasta refugio de individuos perseguidos por la ley”, aseveró Miladis Fajardo, vecina del lugar.

Dalia Carrera, presidenta del CDR, subrayó que en cada rendición de cuentas más que respuesta obtiene evasivas que oscilan entre la falta de recursos con vistas a que la empresa SECONS demuela el lugar hasta la carencia de presupuesto para acometerlo.

Mientras tanto los campañistas tratan de paliar la situación pero el mosquito vuela sano y fuerte, concluyó.

Las respuestas que no obtuvimos

A lo largo del municipio, el equipo de trabajo de la ACN tropezó con calles sucias, aceras que lloraban a falta de la caricia de un escobillón, alcantarillas tupidas y llenas de reservorios para mosquitos y mucho escombro.

Tratamos de buscar respuestas en los organismos más indicados, pero casi todo fue infructuoso.

En la Dirección Municipal de Salud la subdirectora no nos recibió porque, alegó la recepcionista, la única persona autorizada a atender a la prensa era la directora y no se encontraba. Nadie preguntó siquiera cuál era el motivo de la visita.

Tampoco tuvimos suerte en la sede del Gobierno Municipal pues, según dijo una persona a cargo de la recepción, todos los responsables estaban en una reunión de cuadros y no podía molestarse a nadie.

Acudimos al puesto de mando activado para la campaña, ubicado en los altos de la instalación, mas, ninguno de los dos compañeros atendió nuestros reclamos. La solución dijeron, era sentarse a esperar a que la reunión de cuadros terminara.

Corrimos mejor suerte en la Dirección Municipal de Servicios Comunales pues aún en medio del ajetreo para despachar los camiones y carretas a sitios complicados, Elpidio Tejerizo Perón, su director, accedió a atendernos.

“Contamos con los recursos para acometer con calidad el trabajo, incluso nos asignaron nuevos medios que reforzaron el parque de vehículos, solo falta organizarnos mejor”, argumentó Tejerizo.

Según el funcionario, la acumulación de escombros, ajena a su objeto social, atrasa el tiempo de recogida de los desechos sólidos que de otra manera no excedería las 24 horas.

Además, dijo, la dispersión de su fuerza por todos los Consejos Populares y los trabajos intradomiciliarios que hoy acometen, restan la posibilidad de profundizar en las zonas de riesgo y de cerrar el saneamiento por área.

Apuntes para un final inconcluso

Durante el extenso recorrido tropezamos con algunas fuerzas encargadas de la fumigación al interior de los domicilios, muchas de esas sin el acompañamiento de los factores del barrio, y con brigadas de Servicios Comunales trabajando hasta altas horas de la noche.

Fue imposible encontrar a una sola brigada en función de desobstruir o limpiar las alcantarillas históricamente tupidas o clausuradas por los desechos.

Mientras tanto en muchos sitios los vecinos se muestran escépticos con el resultado de la campaña pues el humo, como dicen, ya no mata ni cucarachas y los mosquitos salen una y otra vez airosos de esa prueba.

Ya comenzó la segunda etapa de esta lucha antivectorial que, para bien de toda la población, no admite una derrota, para eso habrá que afinar la puntería, exigir más, controlar mejor y sancionar, si fuera necesario, a quienes no comprendan que en esto va la supervivencia de una buena parte de los cubanos.

Tomado de ACN

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