José Martí y su exaltación por la música

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El interés por la música acompañó a Martí principalmente durante su extenso exilio por los Estados Unidos, México, Madrid y París

Encontramos a un Martí colmado de compasión, lo cual no se contrapone con la imagen de héroe, político, orador, que llega e invade con su altruismo, Martí: es humano

 

“El color tiene límites: la palabra, labios: la música, cielo. Lo verdadero lo que no termina: y la música está perpetuamente palpitando el espacio”.

José Martí.

Por Daylina Morales Escobar  daylina@metropolitana.icrt.cu           

Los artículos que dedica a la música el pensador, periodista, filósofo y poeta cubano José Martí, en comparación con otras artes como la pintura o la literatura, hace creer en quienes no conocen la profundidad de su obra que no sentía gran aprecio por ella. Esto es un pensamiento totalmente erróneo, pues indagando en sus obras, descubres que le tenía un respeto inmenso.

En una oportunidad expresó “un poema o un cuadro pueden sugerir, por el genio del artífice, una realidad más allá de los símbolos que la forman, pero la música es toda ella ese mundo de lo inefable: nada tiene que sugerir porque ella misma es ya sugerencia”.

Después de estas palabras que suscitan varios sentimientos, encontramos a un Martí colmado de compasión, lo cual no se contrapone con la imagen de héroe, político, orador, que llega e invade con su altruismo, Martí: es humano.

Según algunos historiadores de su vida y obra no es la música la temática donde emite amplios criterios. Pero trató de comprender las obras de arte que lo pusieron a reflexionar. El interés por la música lo acompañó principalmente durante su extenso exilio por los Estados Unidos, México, Madrid y París. En todos estos países y ciudades pudo disfrutar a extraordinarios solistas y exponer sus apreciaciones en ricas crónicas.

Por ejemplo: calificó con adjetivos a varios virtuosos de la música clásica como Bach diciendo que era “arrebatado”, Händel “imponente”, Beethoven “místico”; también en sus preferencias musicales se manifiesta el gusto romántico por Chopin, Wagner, Berlioz.

Lo entusiasmaba la ópera, fue en dos ocasiones a Madrid a ver una de Meyerbeer, y escribió en su Cuaderno de Apuntes, con notable exageración: “Tengo a Meyerbeer por Miguel Ángel y Shakespeare en la música. Genio de la fuerza, en la risa, en el odio, en la ternura. No es tal vez el cuarto acto de La africana el trozo más imponente y perfecto de música que se conoce”.

Entonces así también escribió durante una presentación del compositor y director de orquesta Wagner “cuando la orquesta majestuosa rompió a tocar, con devoción filial, la música épica, parecía que de cestos de fuego surgían aves blancas y que ninfas ardientes, de caballera suelta y brazos torneados, envueltos en jirones de nubes, cruzaban el aire oscuro y húmedo, montadas en el dorso de caballos de oro”.

Otras publicaciones que evidencian el trato del tema musical por el Apóstol es “Tratado teórico de música”, de Narciso Téllez y Arcos, fechado en 1868, llevaba en una de sus páginas la firma de este, lo curioso de este caso es que Alejo Carpentier descubrió este libro cuando revisaba textos didácticos de autores del S XIX.

Bajo el seudónimo de “Orestes”, Martí publicó tres artículos relacionados con el conocido músico y violinista cubano José White en la Revista Universal de México entre mayo y junio de 1875.

En algunos de estas críticas leemos: “La música es la más bella forma de lo bello: arrullar, adormecer, exaltar, gemir, llorar: el alma que se pliega a un arco: el oído que se subyuga, se extasía, se encadena”.

A modo de conclusión, podemos decir que desde su punto de vista, la música nace para ser sentida, fueron los maestros cubanos José Domingo Brusquet, Manuel Saumell, Pablo Davernine y Nicolás Espadero los que propiciaron su formación musical.

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