Una tradición muy cubana y única en el mundo

lector
La alta preparación política y cultural del gremio, gracias en buena medida al acceso a la información que facilitaban los lectores de tabaquería.

La lectura de tabaquería surgió hace 150 años, se ganó un lugar en la historia por su apoyo incondicional a las causas de la libertad e independencia de Cuba

 

Por Carlos Heredia Reyes

Una tradición cubana, vigente desde hace 150 años y propuesta a la UNESCO como patrimonio oral e intangible de la humanidad, son las lecturas de tabaquerías.

Surgida el 21 de diciembre de 1865 en una fábrica de La Habana conocida por El Fígaro, para distraer a los trabajadores en su monótona y larga jornada, la singular actividad, se extendió rápidamente y llegó incluso a promover luchas sociales, según la historia recogida en el Museo del Tabaco.

Entre los más ilustres comunicadores que cautivaron la atención de los tabaqueros estuvo José Martí, con sus discursos para la recaudación de fondos en pos de la Guerra Necesaria en 1895. La alta preparación política y cultural del gremio, gracias en buena medida al acceso a la información que facilitaban los lectores de tabaquería, ubicaron históricamente a los torcedores entre los sectores sindicales más avanzados.

En sus inicios y hasta principios de la década del 60 del siglo XX eran los propios trabajadores del sector quienes aportaban los fondos monetarios de sus salarios para que se le pudiera pagar a este personal, cuya voz le hacía los días más agradables e instructivos a los operarios.

En un amplio trabajo de investigación titulado La lectura en las tabaquerías en Cuba, sus autores la Master en Ciencias Zoia Rivera y los licenciados Ivett Roig Albet y Osmay Kim Men Fong Delgado, la consideran como una práctica educativa que a pesar de las vicisitudes experimentadas a lo largo de su existencia, no tiene análogos en otras partes del mundo, excepto en aquellos lugares donde la llevaron los propios tabaqueros emigrados.

Señalan estos estudiosos que la lectura, en varias ocasiones se intentó imitar por otras ramas de la economía cubana, como la industria textil y el comercio, pero no resultó. En los años 50 del pasado siglo, en un taller de corte y costura su administrador tuvo la idea de contratar a un lector para que entretuviera a las trabajadoras, pero las obras literarias, aunque fueron atractivas al gusto femenino, no podían escucharse por el ruido de las máquinas de coser, que imposibilitó que esa práctica se extendiera .

Luego, en la desaparecida tienda “El Encanto”, en La Habana, se tomó la iniciativa de leer las noticias y pasajes de novelas a los empleados durante la hora del almuerzo, pero como era el único receso que tenían los trabajadores para conversar entre ellos, la lectura también fracasó.

Tradicionalmente, fue una labor reservada a los hombres, en la historia la presencia de la mujer se registraba en aislados casos. Pero con su creciente incorporación al trabajo y su integración a todas las tareas de la Revolución, se sumaron voces femeninas, cambio bien recibido por los tabaqueros. Ellos reconocieron en las mujeres la paciencia, disciplina y sacrificio que se requiere en la actividad de leer. Por otro lado, el bajo salario inicial de la profesión hizo que los lectores ocuparan plazas de más remuneración; así se adentraron ellas en la lectura de las tabaquerías y hoy representan la mayoría en el oficio.

La importante actividad es asumida en la actualidad por más de 200 personas, asesoradas por expertos del Museo del Tabaco, en la capital.

Idania Álvarez Rodríguez, de la fábrica de tabaco de Guayos, en la provincia de Sancti Spíritus, con 25 años de experiencia, comentó a la Agencia Cubana de Noticias la gran aceptación que tienen las lecturas de obras de la literatura universal y cubana entre el gremio.

Explicó que sistemáticamente busca relatos referentes a inquietudes del personal sobre problemas de salud, jurídicos y técnicos, que son solicitados por los propios trabajadores.

Por su parte, Armando Ramos Paz, de la fábrica de tabaco Jesús Feriol Leyva, de la oriental provincia de Holguín, comentó que ser lector de tabaquería requiere ser versátil, tener mucho conocimiento y estar actualizado en todo lo relacionado con el acontecer nacional, cultural, deportivo e internacional para poder responder las inquietudes de los obreros.

Datos del Grupo Empresarial Tabacuba, del Ministerio de la Agricultura, indica que unos 50 mil trabajadores de escogidas, fábricas y despalillos de todo el país se nutren de los conocimientos, consejos e historias que son relatadas por estos avezados locutores.

Como bien señala el escritor y periodista Ciro Bianchi es una tradición “cubana 100 por ciento desde su inicio. Toda una institución. No parece estar lejana la fecha en que, a propuesta de Cuba, la UNESCO declare el quehacer del lector de tabaquería como Patrimonio Intangible de la Humanidad”.

Impactos: 1

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

8 + seis =