Otra vez el 14

14 febrero
Postal.

Sí, muy bonito que te demuestren amor con acciones y gestos, pero también se necesita que una boca se le acerque al oído y le susurre un “te quiero” de vez en cuando…

 


“Sin ir más lejos, quise comprobar mi suerte. Y el mundo está
al revés, resulta que me quieres”.

Marta Valdés

Acabo de leer lo que escribí el año pasado por el 14 de febrero. En aquel momento no pensé que un jueves, doce meses después, tendría que volver sobre lo mismo. Esa mala costumbre mía de no proyectarme mucho más allá del día en que vivo. ¿Qué puedo decir sobre San Valentín que no haya dicho ya? No mucho, la verdad. Pero aquí estoy, con esta presión que me obliga a exprimirme el cerebro a ver si gotea un poquito de creatividad.

Pero vayamos por otro lado, démosle la vuelta a la fecha, bordeémosla y aprovechemos el chuchuchú sanvalentiniano para pensar en algo más. Respóndanme: ¿cuántas veces han dicho “te amo”? Se los pregunto porque yo siento como si una mano invisible me tapara la boca cuando quiero hacerlo. Lo he dicho, sí, pero ha costado un trabajo del demonio. Lo más lejos que he llegado en los últimos tiempos ha sido a un “te quiero”.

Hace un montón de años, en una tarde romántica en el Malecón, mi pareja de entonces me garabateó en el abdomen algo que decía: “Hechos, no palabras”. Aclaro que estaba en latín, porque era muy culto él. Y recuerdo que le respondí: “Sí, los hechos me parecen muy bien, pero yo también necesito escucharlo”. Entonces corrigió la plana y en mi barriguita, mucho más escuálida que ahora, quedó escrito: “Hechos más palabras”, en latín, por supuesto.

Sí, muy bonito que te demuestren amor con acciones y gestos, pero esta cangreja canceriana necesita que una boca se le acerque al oído y le susurre un “te quiero” de vez en cuando; siempre que sea sincero, claro. No me gusta que me engañen ni me endulcen el oído, pero si me quieres, ¡contra, dímelo!

Creo que una de las ventajas del 14 de febrero es que a una le da por decirles cuánto las quiere a esas personas que están cerca, sentimentalmente hablando. Vamos, que eso nunca está de más, aunque lo ideal es no tener que esperar a febrero o a la Navidad para dar estas demostraciones verbales de aprecio.

Pero es cierto que a veces a una le entra algo así como un pánico escénico y piensa que si le dice al otro que lo quiere lo puede azorar. Porque algunos se azoran. Pero a mí la cercanía a los treinta me ha hecho más sabia y ya no me importa si se asustan o no; si te quiero te lo digo y después arréglatelas como puedas. Al final una se siente aliviada, sabe que ha dado todo lo que tiene para dar y que la pelota está del otro lado de la cancha.

Hace poco me encontré con Mr. Big en plan amistoso/romántico. Y de pronto, cerveza en mano, me subió un “te quiero” de las entrañas, pero me contuve; abrí la boca como quien va a decir algo y la volví a cerrar. Pero recapacité y mientras le comentaba cualquier sinsentido, me dije: “Lisandra, no comas mierda, estás muerta con este tipo y lo ves bien poco. Dile que lo quieres y déjate de bobería”. Y así, con la solemnidad de las grandes confesiones hollywoodenses, lo miré a los ojos, tragué en seco y se lo dije.

Yo ya hice mi aporte a San Valentín. Ahora les toca a ustedes. Les deseo un feliz 14 de febrero y déjense querer, que es tan rico. Por cierto, los quiero.

Tomado de Cubahora

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