La Habana sin él

Foto: Internet

Cómo será La Habana, ahora que Eusebio Leal no estará físicamente entre columnas? ¿Cómo sentirá y se sentirá si ella es Eusebio como mismo él es La Habana?

¿Podremos acostumbrarnos a la idea de no verlo caminar su ciudad, la que pudo salvar del tiempo? ¿Cómo asumirán su adiós todas aquellas personas, especialmente los más longevos, a quienes estrechaba sus manos al pasar o les echaba el brazo encima como señal de calidez?

Junto con la reconstrucción y conservación de la Ciudad de 500 años de existencia, creó hogares maternos, convirtió los museos en escuelas procurando el vínculo de la comunidad con la historia. En sus desvelos estuvieron los niños y los jóvenes, a quienes también protegió, y creó programas que refinaron sus estándares de vida de forma general, lo cual incluyó el mejoramiento de sus viviendas. Tanto como le interesó que La Habana recuperara su esplendor, así lo hizo con la vida de las personas que la habitaban.

No olvidemos la escuela de oficios de donde los estudiantes salen especializados en diferentes labores. Para los adolescentes, levantó, un espacio  para que aprendieran de las diferentes artes, profesiones, y se hicieran hombres de bien.

Eusebio devolvió el lustro a museos, iglesias y catedrales, a las calles, los bares, las plazas, la bahía y hasta al mar. Pobló de palomas y música muchos de estos parajes.  Convirtió el viejo casco en centro admirable y lo llenó de personajes que habitan sus museos y sus recovecos. El “culpable” de tantos encantos ha partido, pero ha dejado encomiendas. Espero seguir hallándolo en la continuidad de su obra.

Ricardo Alonso Venereo

amss/Tomado de Granma

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