Soy un eterno agradecido de la Revolución

De izquierda a derecha, periodista Francisco Delgado, de Radio Metropolitana, y Adolfo Álvarez Pérez, subdirector del Instituto de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Habana. Foto: Radio Metropolitana.

Hombre de ciencia, pensamiento y acción que cada jornada del día convierte en hazaña a la mayor ilusión de su vida: servir a la Revolución.

Quizás por ese motivo se muestra sencillo y atento, pero en especial, simpático y con deseos de seguir creciendo en aras de continuar cabalgando en las inquietudes del conocimiento y en la investigación de su profesión.

Adolfo Álvarez Pérez es subdirector del Instituto de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Habana, una de las instituciones más antiguas del país fundada en el año 1902 con el ánimo de prestar servicio a la salud pública, y que por esos azares del destino coincidió su gestación en el tiempo con el nombramiento de secretario de Salud de Carlos J. Finlay, el reconocido científico cubano.

Con más de 30 años dedicados a la investigación y una maestría en ciencias de la Salud, junto a otros estudios en el exterior, además de su desempeño como docente, este humilde hombre se siente agradecido por ser un hijo de la Revolución. Confiesa con tono enfático en el estudio de Radio Metropolitana que los ideales de Martí y Fidel le han servido para comprender que el mérito al ejercicio de la virtud está en la consagración de la obra humanista.

Una actitud, según Álvarez Pérez que se llega con el paso de los años y gracias a la voluntad del sacrificio y a la experiencia sensible de ser cubano. Una existencia, como bien destaca, que no mira de qué lado está el beneficio personal; sino más bien, de cómo se puede aportar con el trabajo a la transformación de la sociedad y el mejoramiento espiritual.

Con una sonrisa quijotesca dice no merecer tantos elogios, ni méritos; tan solo ser un soldado de la Patria que ha sabido crecerse en el hostil contexto de la pandemia para vencer los miedos y ofrecer a las personas una gota de esperanza.

Su labor investigativa en La Habana lo ha colocado en el frente de la batalla a la COVID-19 con aportes relevantes en el campo de la sociología médica, atendiendo a las vulnerabilidades sociales que describen los imaginarios de vida de unos individuos con respecto a otros en los barrios capitalinos. Un aprendizaje en común para ver cómo pueden soportar o tolerar las enfermedades las personas, siendo mucho más inmunes y a la vez con más posibilidades de longevidad.

Durante la etapa previa a la mayor cantidad de casos al virus del SARS-CoV-2, el profesor e investigador Adolfo Álvarez se unió al equipo de la Dirección Provincial de la Salud también para monitorear a los municipios con mayor incidencia en los focos de infección, aplicando sus estudios y herramientas en el campo de la ciencia médica. Una actividad tan provechosa y necesaria en la cual nunca imaginó que podría recibir tantas emociones e historias de vida por contar.

Los aportes en diferentes campos de la sabiduría junto a varios expertos de otras instituciones, advierte el investigador habanero, contribuyeron en el desarrollo de su formación práctica y en la capacidad para ejercer el trabajo multidisciplinario.

No se podrían obtener resultados positivos en una urbe tan habitada como la nuestra, sugiere con timidez el profesor, si no se maneja con sutileza la oratoria para comunicar lo que necesitas. En eso “hay que ser como una especie de profeta”; decir con pericias lo que otros quieren escuchar, pero con tu propia medicina: la prevención.

Adolfo Álvarez Pérez es subdirector del Instituto de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Habana. Foto: Radio Metropolitana.

A la interrogante de cómo ha sido capaz de alternar sus esfuerzos profesionales con la familia, sin dudarlo respondió: sin mi esposa y mis hijos no sería posible. Un hombre casi que convertido en “monaguillo de la ciencia” no puede salir de la casa sin una retaguardia bien consolidada, y eso solo se logra cuando todos confían y aprecian lo que haces y por qué lo haces.

A sus quimeras más inmediatas en la vida y cercana a la gloriosa fecha del 26 de Julio, sin reparo me confeso: “Soy un eterno agradecido”; y si tuviese que dar mi vida por salvar a la Revolución, apostaría por el Socialismo y la defensa de la libertad humana.

No hay obra más bella y honesta que la conquistada por este verde caimán que un día se reveló ante la injusticia y la opresión para dar a sus hijos lo más esencial: derechos.

Así, con cierre agudo y más de una emoción escondida, el ameno investigador habanero nos dio más de una razón para sentir orgullo por esta Habana, que tras la pandemia sigue los aires de la vida para levantar entre mamparas las manos y dar con su aplauso un homenaje a los asaltos al Cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Como diría Martí, a golpe de empuje y con mano firme, los científicos habaneros reafirman su compromiso con la Revolución este 26 de Julio.

amss

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