Juan Manuel Márquez en la memoria

A 105 años del natalicio de Juan Manuel Márquez –Santa Fe, La Habana, tres de julio de 1915-, vuelve a la palestra el recuerdo y el agradecimiento al excepcional luchador y segundo al mando de la expedición arribada a Cuba en el yate Granma, cobardemente asesinado tras su captura en la Sierra Maestra, a pocos del días del desembarco.

Desde el exilio en México, el joven líder Fidel Castro organizó la audaz expedición y entre sus 82 hombres había sido elegido en tan importante cargo Juan Manuel, no por ser el mayor de todos, con sus 41 años.

Las razones eran su probado valor y su fogueada trayectoria de combatiente revolucionario, de pensamiento y acción. Murió el 15 de diciembre de 1956. Y la embarcación había llegado a suelo patrio el dos de ese mismo mes.

Luego del bombardeo inicial y el combate de Alegría de Pío, en Niquero, donde las fuerzas comandadas por Fidel fueron dispersadas, Juan Manuel se encontró solo, agotado y desorientado por los abruptos senderos de las faldas de la serranía y allí fue avistado por un campesino, que lo delató al ejército batistiano. Sufrió torturas y fue asesinado con sadismo.

Cuentan que tras la prueba de fuego de Alegría de Pío él mismo le había propuesto a Fidel separar a los escasos combatientes reunidos a su alrededor tras el ametrallamiento, pues creía que así sería más fácil y seguro lograr el cometido.

Testimonios posteriores refirieron que murió heroicamente, sin claudicar un milímetro en sus convicciones y razones de lucha, manteniendo ante sus captores y torturadores su estirpe de combatiente, como fiel representante de la generación del Centenario que se había decidido por la insurrección armada.

Juan Manuel no participó en los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes como otros compañeros del líder.

No obstante, su trayectoria de combate por la justicia social era descollante y había comenzado desde los 15 años, sobre todo en la barriada habanera de Marianao, donde residió y se estrenó en la acción revolucionaria, lleno de gran coraje y desarrollando al mismo tiempo un pensamiento político a través de la lucha y de su oficio, periodista.

Se involucró en las rebeldías contra el tirano Gerardo Machado, en los años 30, y en consecuencia fue perseguido y encarcelado, primero en el Castillo del Príncipe, y más adelante en el tenebroso Presidio Modelo de Isla de Pinos.

También había formado parte, desde jovencito, del Ala Izquierda Estudiantil y la Hermandad de Jóvenes Cubanos, organizaciones muy influenciadas en su ideario por el primer Partido Comunista, fundado a mediados de la década del 20 por Julio Antonio Mella y Carlos Baliño.

Juan Manuel ocupó durante varios años la presidencia de la Asociación de Estudiantes del Instituto de Marianao, lo que lo hizo ganar un reconocido liderazgo.

Su brega incansable incluyó la labor como Concejal y presidente de la Asamblea del Partido del Pueblo Cubano en Marianao.

El gremio periodístico cubano da un valor incalculable a la huella dejada en su hora por Juan Manuel Márquez dentro del sector.

Trabajó en su juventud, en los años 30, en el periódico El Sol, de su propio municipio. Desde sus páginas alertó sobre la posible influencia funesta para el país relacionada con el antiguo sargento Fulgencio Batista, vertiginosamente convertido en coronel, a pesar de ser “un aventurero vendido a las peores causas”.

En los años 40 también comenzó a ganar espacios radiales y en la popular emisora COCO alcanzó gran audiencia en sus apariciones en el programa Vergüenza contra dinero. Sin embargo, fue una época en que no abandonó la prensa escrita.

Era un convencido del papel de movilización política y un formador de conciencias mediante la prensa, un oficio en el que creía y le potenciaba en su incesante combate.

Por eso tal vez hubo una electrizante e inmediata coincidencia de principios y de empeños comunes entre él y el joven abogado Fidel Castro, cuando se conocieron el siete de junio de 1955.

Recién liberado del presidio político, junto a sus compañeros moncadistas, Fidel se preparaba para seguir luchando. El también incansable Juan Manuel Márquez, había recibido una terrible golpiza por parte de los casquitos, que lo mandaría a un hospital adonde el primero fue a visitarlo y conocerlo.

Aquel encuentro, devenido reunión política y estratégica, fue memorable. Desde allí todo se hizo más viable para crear rápidamente el Movimiento Nacional 26 de Julio, del cual Juan Manuel sería el segundo dirigente, y de continuar la lucha, irremediablemente por el camino armado, hasta realizar los objetivos de la única revolución Cubana. Fidel vio la estrella en la frente de Juan Manuel Márquez. (Tomado de la ACN/Imagen de portada: Alba Márquez, la hija de Juan Manuel muestra una foto de sus padres, un obsequio de la Upec).

Tomado de Cubaperiodista

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