Evocaciones a Brindis de Salas

La aurora nos emite un sonido singular y esta vez desde las cuerdas del violín. Llega la impronta de la obra de un artista negro que en el devenir del tiempo se convirtió en uno de los cubanos más condecorados del siglo XIX con amplia fama mundial.

Conocido por su éxito en grandes teatros y salas de concierto, Claudio José Domingo Brindis de Salas Garrido, habanero de «pura sepa» logró sobreponerse a todos los conflictos sociales de la época y transmitir a través de su música ejecuciones magistrales, cuya melodía lograba seducir al público en un éxtasis inimaginable.

Conocido por muchos citadinos como «El Paganini Negro», Brindis de Salas murió el dos de junio del año 1912 en la ciudad de Buenos Aires.

Aquel cubano marcado por su tez y manera de enfrentar la vida, nos legó la composición de más de una aclamada contradanza para bailar en los majestuosos salones de #LaHabana en compañía de su orquesta La Concha de Oro.

Etiquetado por la prensa de la época como un ave fénix, el increíble músico brilló en los escenarios internacionales de París, Madrid, Buenos Aires, Londres y Berlín; entre otras ciudades cosmopolitas.

Su clave de vanguardia musical lo situó en una suerte de extrañeza por la singularidad del registro de sus notas y la manera de colocar sus manos en las cuerdas: un hecho que ponderó a Salas en una especie de vibración emotiva que apoderaba al auditorio en profunda abstracción.

El aplauso entonces para este habanero que con orgullo racial y hechizo profesional hizo de su carrera todo un acontecimiento histórico que hasta la actualidad marca un antes y después en los bailes de salón y en la cultura de esta Isla que bañada por las aguas del Caribe sigue a sus hijos en cada huella del tiempo.

amss

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