Tomás Gutiérrez Alea, un provocador de la historia

Llamar a Tomás Gutiérrez Alea (Titón) como un provocador de la historia pudiera ser una suerte de epitafio a quien tuvo el mérito de dialogar constantemente con la memoria intelectual de su tiempo.

Quizás por esta razón su entusiasmo creativo lo llevó a mostrar en la esfera pública un cine de autor con aires de vanguardia e influido por las más atractivas corrientes del Neorrealismo Italiano y la Nueva Ola Francesa. Es Alea un auténtico arquitecto de lo mejor de la revelación social y política en distintas épocas del escenario de Cuba.

Su filmografía despojada de estereotipos y dudosas expresiones metafóricas nos enseña cuántos caminos posibles distinguen a un conflicto existencial, que bien se puede representar en las zonas del pensamiento racional o de la propia subjetividad de las emociones más inquietantes del alma.

De ahí que Historias de Revolución constituye, en la revisión historiográfica del patrimonio fílmico, una obra clásica de los años sesenta, que nos muestra en sus tres cortos la presencia de un hecho que marcó el pasado y el presente de la identidad cultural de la nación: la Revolución Socialista.

La batalla de Santa Clara, tercer cuento de la emblemática película cubana, cumple este sábado, 60 años de su filmación; un motivo para conectarnos con su experiencia estética y la necesidad del hecho histórico; visto en este particular caso, desde los ojos del lente de Titón, que bien pudieran ser los nuevos anteojos que pulsan el calor de la era digital en las nuevas generaciones.

La experiencia de una realidad social convertida en un artificioso acto de ficción para su época, desentraña más de un culto sobre los revolucionarios y su deseo de liberar al país. Es toda una construcción filosófica sobre el estado de la libertad y el protagonismo del ser humano como activista en la transformación del contexto y la historia.

El filme propone en su estructura narrativa tres cuentos con distintos enfoques alrededor de la lucha armada. Digamos que al cineasta le interesa presentar la evolución del avispero de un hecho cuya trascendencia modificaba a la piscología humana.

No era la simple movilización o representación de la sociedad en su mayor connotación colectiva, sino el acto mismo del individuo y su impronta por la vida: un contraste que se distingue entre un cuento y otro a partir de las polarizaciones entre el clandestinaje y la lucha insurrecta en la montaña; donde es evidente el eterno conflicto de las fuerzas en pugna; ya no por el ejercicio del poder, sino por redescubrir qué sucede al interior de los sentimientos humanos cuando los sujetos se enfrentan al hecho de la muerte y exponen con toda fuerza el ideal de ser.

Otras cintas como Memorias del Subdesarrollo, La muerte de un burócrata y La última cena, también figuran en este disentir del recorrido por la historia de la Isla, donde los pretextos de la Revolución, el deseo de la emancipación humana y la apertura de un proyecto social despiertan nuevas luces en la búsqueda por la fe en el mañana.

Una razón que por demás sigue ganando opiniones en los registros del cine cubano cuando éste continúa recorriendo a los nichos de la memoria histórica para apreciar cómo las sensaciones y el pensamiento de los sujetos actúan en la sociedad para su mejor transformación.

amss

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