La Condesa de Merlín

Ella enriquece la rica lista de mujeres fundadoras de un pensamiento avanzado para su época

Consentida por unos, vilipendiada por otros, polémica en su discurso literario; pero siempre cautivante ella misma, María de las Mercedes Beltrán Santa Cruz Cárdenas Montalvo y O’Farrill (La Habana 1789 – París 1852), la Condesa de Merlin, no aminora su interés como escritora con el paso del tiempo.

Descendiente de linaje aristocrático, nacida en La Habana de una familia hidalga  (los Santa Cruz eran condes de Santa Cruz de Mopox y de San Juan de Jaruco; los Montalvo, de Macuriges y de Casa Montalvo), María vivió en la Isla hasta los 12 años.

Poco después viaja a España, requerida por su madre, Teresa Montalvo, la cual era dama de honor de la reina María Luisa y tenía en la capital un salón por el que transitaban políticos, escritores y artistas, entre los que sobresalieron Moratín, Quintana y Goya. De ahí probablemente proceda el gusto de la futura escritora por las tertulias que protagonizaría años después en París.

Autora de éxito, la cubana se dedicó fundamentalmente al género biográfico y a las memorias. Además de otros textos de diversa importancia publicados en revistas, escribió su autobiografía —Mes douze premiéres années, 1831; y Souvenirs et Mémoires (Souvenirs d´une Créole), donde remarca su condición de “criolla”—; la biografía de una monja que fue su maestra en el convento de Santa Clara de La Habana (Histoire de la Soeur Inés); el relato de la desventurada vida de su amiga, la cantante española María García Malibrán (Le loisirs d´une femme du monde, 1838); y el libro Viage á La Habana.

Es esta última la pieza literaria que vendría a dar un ángulo de giro a su producción, así como a justificar el mayor número de comentarios entre sus contemporáneos y actualmente en la escena de la historiografía literaria.

La obra se inserta en el género epistolar que tan diestramente cultivó la autora cubana. En ella enfatiza su atención a parientes, amigos, artistas y hombres influyentes de la época para narrar a europeos -principalmente- los hábitos y las costumbres del Nuevo Mundo desde una perspectiva que se debate entre el extrañamiento y la orgullosa exposición de las virtudes de su tierra natal. Obra costumbrista y folclorista, está signada por la ambivalencia de la autora, que se inclina del neoclasicismo hacia el discurso romántico en una suerte de duelo entre el análisis intelectual que le permite observar la psicología de los habitantes isleños, sus maneras y carácter tanto como la emoción espontánea de quien vive imantada a los encantos del trópico.

Este texto de la Condesa es el que mayor interés ha despertado en la crítica: en atención a él se le ha llegado a considerar como mujer adelantada de la literatura cubana.

Viage a La Havane es un relato de desplazamientos realizado en forma epistolar: 36 cartas configuran el original formato de la intelectual cubana, quien a través de sus visiones sobre La Habana, interesantes por las sugestiones y niveles de lectura que ofrece, multiplica su interés presentando un viaje en el que, como ha comentado la estudiosa cubana Adriana Méndez Rodena, la viuda de Merlín redescubre a María Mercedes.

En este viaje la Condesa se debate entre el rol euro céntrico-colonizador y el americano de colonizado, según refiere Méndez Rodena, quien ha publicado tres textos que giran, en mayor o menor grado, alrededor de esa familia. Empieza con El archivo perdido; continúa con ‘L’evasion’ de Mercedes de Merlín y concluye con El arte de la fuga: ensayos literarios donde trabaja los entresijos entrecruzados del yo y el otro, la inversión de los códigos de la sociedad esclavista cubana, así como también el desdoblamiento del yo de la autora. Animado es hoy el debate en torno a estas visiones.

Los puntos de vista de María de las Mercedes Beltrán Santa Cruz, Condesa de Merlín, añadieron en su momento una perspectiva intimista rica en matices y notas psicológicas. Su sensibilidad femenina supo captar las contrariedades de la condición humana que tan delicadamente reflejó en sus páginas. Amiga de Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien amablemente prologó su Viage a La Havane, Mercedes enriquece la rica lista de mujeres fundadoras de un pensamiento avanzado para su época.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

10 + cinco =