Alicia Alonso, coreógrafa del universo dancístico (II)
Vuelve en una de sus facetas más subyugantes, la coreografía, ejercicio de creación al que se entregó desde muy joven con piezas que pronto alcanzarían el interés de críticos y compañías dancísticas de prestigio mundial, como el American Ballet Theatre.

A sus primeros grandes triunfos siguieron otros de estatura mayor, en la misma medida que su experiencia en el campo de la dirección e interpretación se hacía más plena.
Tras el éxito de El Pillete, en 1952, Alicia estrena El Circo (1967), con música compuesta especialmente por Enrique González Mántici, obra que conservó por varios años en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba.
Otro gran hito en la creación coreográfica de la afamada maestra y bailarina lo sería su obra Génesis, realizado en un trabajo conjunto con el compositor italiano Luigi Nono y el artista venezolano Jesús Soto. Este título se caracteriza por su audacia formal y constituyó uno de los éxitos de mayor repercusión del Ballet Nacional en la gira realizada en el año 1978 por los Estados Unidos.
Durante los 80´ Alicia vuelve a sorprender. Esta vez estrena una versión coreográfica titulada Misión Korad, que tiene como base argumental una obra de ciencia-ficción, suceso inédito en su vasta producción coreográfica donde este tipo de referencia a ese género literario es escasa.
Pocos años después retoma la obra del compositor cubano Eduardo Sánchez de Fuentes, El caminante, para un nuevo ballet. La propuesta se presenta en el Festival Internacional de Arte Lírico de La Habana y gana la atención de los amantes de la música tradicional cubana a la vez que recibe elogios por su audacia imaginativa en la interpretación y movimientos escénicos.
A pesar de su fallecimiento, Alicia retorna a nuestra mente con su magia habitual.
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MELM/ams