Ernesto Lecuona, gran músico cubano

La predilección por la música de este importante pianista cubano se justifica y profundiza con el paso del tiempo. Bajo el halo de su obra hemos sido capaces de soñar y amar.

Nacido como otros importantes creadores cubanos en la pintoresca villa de Guanabacoa, su vida se deslizó como su música: en función de la belleza; y transcurrió sedienta siempre de un mejor conocimiento sobre la condición humana.

Compositor e intérprete, dio cuenta de sus dotes desde muy temprano cuando siendo aún un adolescente concluyó sus estudios en el Conservatorio Nacional con notables reconocimientos.

Lecuona tuvo la suerte de nacer en un hogar anclado en el arte y rodeado de seres que le prodigaron el cariño, la comprensión y la paz que necesitaba su espíritu. Pudo ser feliz entre personas que le amaron como su estimada hermana Ernestina, quien le proporcionó las primeras pistas de iniciación en el piano.

Este alumno de los maestros Hubert de Blank y Joaquín Nin tuvo una fecundidad notoria en su obra. Entre las piezas de este compositor se destacan La Comparsa, La Malagueña, la estremecedora Lola Cruz, María La O, así como también Siboney y Damisela encantadora.

Vale la pena siempre evocar su vida y su música; sobre todo por estos días en que todos recordamos su muerte (29 de noviembre de 1963). Bajo el halo de su obra hemos sido capaces de soñar y amar.

MELM/ams

 

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