Amar y soñar La Habana
A la capital de todos los cubanos, La Habana, no me canso de elogiar, y decir convencida que es una ciudad que pertenece a aquellos que la aman; maravilla vivir con intensidad el ajetreo de sus mañanas, tardes y noches.
Yo me siento enamorada de La Habana, lo sé por la emoción que me embarga cuando recorro su zona más antigua que viste adoquines, edificios construidos siglos atrás y museos que guardan historias y tradiciones.
Privilegio también recorrer sus calles, que palpitan junto a la gente; percibir olores peculiares que evocan hechos, épocas pasadas y personajes de leyendas como la del Caballero de París. Sus admiradores le entregan pensamientos y vida para rendirse a sus pies.
Hay lugares de La Habana que reviven mis recuerdos. Mi hogar de niña en la calle Infanta donde viví feliz por muchos años, es uno de ellos; allí crecí y soñé, sin importarme el ruido ensordecedor de los carros, el constante pregón de los vendedores, y el hollín que llegaba hasta el alto balcón de mi casa donde me asomaba a la vida de mi gente.
Entrañables sitios como el malecón, que guarda celosamente los secretos de amor de las parejas, donde los pescadores hacen que cada día sea una aventura. El Vedado y su Rampa, donde la refrescante brisa que llega del mar, nos traslada con el pensamiento a los sitios más añorados.
La calle Obispo, una de las más antiguas de La Habana, y el buen ánimo de la gente que allí viven; el Paseo del Prado, parques y plazas que evocan el recuerdo de épocas y hombres que la engrandecieron desde su fundación.
Esquinas famosas como Prado y Neptuno, por la Engañadora, de la orquesta Aragón, y 23 y 12, donde se dijo por primera vez la consigna Patria o Muerte . La Universidad de la Habana y los 88 escalones de la escalinata; en lo
alto el Alma Mater con los brazos abiertos da la bienvenida a los visitantes.
Habana de cantores y poetas. Ciudad mágica a la que siempre vemos hermosa, y se recuerda de manera especial cuando estamos lejos.Y es que La Habana somos nosotros mismos, los que siempre tenemos motivos para admirarla, más por estos días que se celebra el aniversario 500 de su fundación. Disfruto al imaginar cómo transcurriría la vida de quienes tuvieron el privilegio de fundarla y ser a la vez protagonistas del desarrollo de la entonces llamada San Cristóbal de La Habana.
La aman sobre todo aquellos que dicen con orgullo:”yo nací y me crié en La Habana”, y a continuación mencionan el hospital de maternidad donde vieron por primera vez la luz como para dar más credibilidad a sus palabras.
Atractiva resulta también La Habana moderna con edificaciones donde se unen diversos estilos arquitectónicos. La adornan también otras esquinas, entre la más famosa, la de la Heladería Coppelia, también el Paseo del Prado con sus leones que rugen mientras los cabalgan los niños del vecindario, y sus municipios más populosos como Diez de Octubre, Centro Habana y La Habana Vieja.
En ella son frecuentes los contrastes: conviven varias generaciones de cubanos y por sus calles transitan modernos autos junto a los antiguos bautizados por la población como “almendrones”.
Sin embargo, lo más preciado de La Habana es su gente, comunicativa y solidaria, que ríe y baila, la de siempre que vive intensamente, esa que ama y sueña en La Habana.