La grasa en el hígado debido a obesidad lo daña todo

Hígado graso. (Foto: Mejor con Salud)
Hígado graso. (Foto: Mejor con Salud)

También conocido hígado graso no alcohólico, pues no guarda relación con el alcoholismo sino con la obesidad de tipo abdominal, los llamados “gordos barrigones”, ya es una enfermedad frecuente.

Su gravedad no se debe solo al progresivo daño hepático, sino también al aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, daños crónicos a los riñones y ciertos tipos de cáncer sin relación con el hígado, como cáncer de colon y recto y otros más.

Esta complicación afecta negativamente no solo a las arterias coronarias sino también a otras partes del corazón, con el riesgo de daños a la musculatura del mismo, calcificación de las válvulas cardíacas, pérdida del ritmo de sus latidos como es la llamada fibrilación auricular y algunos defectos de la conducción de los impulsos eléctricos de este valioso órgano.

Se puede prevenir el sufrimiento humano

Pero pudiera ser evitado este depósito de grasa en el hígado pues su frecuencia es mayor, llegando hasta el 70 a 80 por ciento superior, entre las personas obesas o con diabetes mellitus tipo 2.

El sufrimiento humano y los costos derivados de esta gran acumulación de grasa en el hígado no se deben solo a la enfermedad hepática progresiva, sino también al mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y otras importantes enfermedades sin relación con el hígado,
como las ya mencionadas.

Estas enfermedades son las que determinan las afectaciones en la salud de  estos pacientes con más frecuencia y en mayor grado que la progresión de la enfermedad hepática en sí misma. Porque además de la obesidad abdominal, en estos pacientes a menudo hay también evidencia de acumulación de grasa en depósitos del músculo cardíaco, las membranas que lo envuelven y alrededor de los vasos sanguíneos.  

La grasa en el hígado

Estos depósitos de abundante grasa en la obesidad abdominal podrían actuar como liberadores de los llamados mediadores proinflamatorios y vasoactivos; ellos pueden ejercer efectos locales adversos capaces de producir alteraciones estructurales y funcionales del corazón.

No solo el hígado sufre

Resulta imprescindible buscar y tratar el riesgo de estas enfermedades cardiovasculares asociadas a la obesidad abdominal, pues la mayoría de los pacientes con esta abundante grasa hepática podrían incluso morir antes por estas enfermedades y no por las complicaciones directas de la enfermedad del hígado.

En ellos es imprescindible hacerles comprender la necesidad de cambios en sus estilos de vida hasta eliminarles el sobrepeso o la obesidad, y de paso para prevenir la progresión de la fibrosis a cirrosis hepática, y prevenirles otras complicaciones malignas como el llamado carcinoma hepatocelular.

El único tratamiento efectivo

En los momentos actuales la esencia del tratamiento del hígado graso no alcohólico sigue siendo modificar el estilo de vida a fin de inducir el adelgazamiento a través de la dieta y el ejercicio, pues ha sido demostrado cómo mantener más o menos un año una alimentación saludable baja en calorías, se asocia con reducción del contenido de grasa hepática y del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La única manera de lograrlo es con ejercicios de moderados a intensos y una dieta baja en calorías.

Amplia vigilancia

Estos datos refuerzan la idea de que el hígado graso no alcohólico es una enfermedad que afecta muchos sistemas orgánicos no relacionados con el hígado, entre ellos el corazón y los vasos sanguíneos, al alterar la regulación de varios mecanismos inflamatorios y metabólicos.

Este concepto también incluye que todos estos pacientes deberían ser sometidos a una cuidadosa vigilancia cardiovascular, sumada a la del hígado, tal como lo recomiendan la mayoría de las guías de Europa y de los Estados Unidos.
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M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández
Master en Ciencias y Profesor Consultante
Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente Dr. Salvador Allende
La Habana – Cuba

moda/rm

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