La Habana: desde su centro histórico, una ciudad abierta a la cultura

La Habana es una ciudad cultural. (Foto: depositphotos.com)
La Habana es una ciudad cultural. (Foto: depositphotos.com)

Pocas plazas culturales en Latinoamérica gozan del merecido prestigio alcanzado por La Habana. Particular relevancia reviste el hecho si visualizamos la ciudad desde la perspectiva de un programa cultural de hondo arraigo en la población y en sus visitantes extranjeros: el Programa de la Oficina del Historiador de esta Ciudad.

Como una gran red extendida desde el Centro Histórico de la otrora Villa de San Cristóbal, la acción cultural generada por el programa de esta Oficina posee carácter interdisciplinario.

En su ejecución son incluidos eventos de disímil naturaleza: dedicados a las ciencias naturales, arqueológicas, etnográficas, culturas tradicionales, pictóricas, musicológicas; no ha quedado área del conocimiento descubierta ni segmento del pensamiento por abordar en las prácticas, eventos, seminarios y congresos desarrollados por dicha entidad.
 
Galerías, plazas, lobbys de hoteles, estrechas calles habaneras se han convertido en escenarios abiertos al disfrute y conocimiento del arte, entendiéndolo siempre como manifestación plural que partiendo del pueblo, su gestor auténtico, regresa a él bajo formatos diversos: exposiciones, concursos, presentaciones teatrales, rutas y andares…

A la magnitud de este fabuloso trabajo, la Oficina del Historiador de La Ciudad ha integrado desde el año 2000 el tabloide Programa Cultural, devenido con el paso del tiempo soporte comunicativo imprescindible para diseminar el caudal de sucesos y propuestas que tal red genera.

En la actualidad es un medio social poderoso que favorece la activación de los públicos habituales y aún de otros potenciales sobre los cuales la Oficina desea influir.
 
La ciudad baila, canta, se entrega al goce de una producción artística que la condiciona como espacio para las artes y el aprendizaje. La ciudad toda constituye fuente de inspiración y trabajo para la Oficina del Historiador, que tiene responsabilidad en la salvaguarda de los valores espirituales, morales, culturales y artísticos de la nación.

Y junto a ella, el pueblo todo en la defensa y conservación de las raíces de su propia existencia, grabadas en las huellas de calles, plazas, balcones y macetas forradas de helechos, a la vista de todos los que continuamos asomándonos a la vida con ilusión y esperanzas.

Salvaguardar ese patrimonio continúa siendo tarea de grandes. La ciudad, sus hombres y mujeres, sus carismas, continúan siendo un puente de ineludible acceso a la cultura por todos y para el bien de todos.

En un nuevo aniversario de la fundación de La Habana, honra a los que han ofrecido tanto por la consagración definitiva de su primavera.

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