Forjadores de la Patria

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Profesionales, intelectuales, campesinos, esclavos recién convertidos en hombres libres… sienten el júbilo patriota que reconoce la lucha armada como única vía de independencia de la Metrópoli y de abolición de la esclavitud.

Fue el 10 de octubre de 1868. Fue Carlos Manuel de Céspedes. Allí, en su ingenio La Demajagua, el Padre de la Patria liberó a sus esclavos y enardeció los corazones para que se juntaran todos “con la fuerza de nuestros brazos en los campos de batalla”.

Poetas, narradores, dramaturgos, periodistas, pedagogos, integraron la fuerza armada y reflejaron sus ideales en las creaciones.

“Convite y nada más es este libro, a todos los que saben de versos de la guerra, para que, siquiera sea sin orden ni holgura, salven, por la piedad de hermanos o de hijos, todo lo que pensaron en nuestros días de Nación los que tuvieron fuego y desinterés para fundarla.”

Así escribió José Martí en su prólogo al libro Los poetas de la guerra, un texto cuyas composiciones exaltan las ansias de libertad del cubano y que “(…) De copia en copia han venido guardándose, o en la memoria agradecida, los versos de la guerra (…)”

Ahí el himno de Pedro Martínez Freyre, coronel del Ejército Libertador, emerge para exigir a través de sus estrofas la libertad de Cuba y convocar a los holguineros a incorporarse a la lucha armada:

A la lid, holguineros valientes
No temáis del tirano la saña
Ni dobléis como siervos la frente
Ante el déspota inicuo de España.

Somos libres. Lo anuncia el sonido
Que se esparce del viento en las alas
Del cañón el tremendo estampido
Y el continuo silbar de las balas.

Fernando Figueredo, Ramón Roa, Francisco La Rúa, Miguel Jerónimo Gutiérrez, Antonio Hurtado del Valle, José Joaquín Palma y Sofía Estévez, una periodista camagüeyana, están incluidos en la selección, entre otros textos compilados por Serafín Sánchez.

Los primeros versos del Himno de Bayamo, del abogado y patriota Perucho Figueredo, inician el libro. Diez días después de los sucesos del 10 de octubre de 1868, sentado en su caballo evocó el texto épico que llamaba a la lucha: ¡Al combate corred Bayameses,/ que la patria os contempla orgullosa;/ no temáis una muerte gloriosa,/ que morir por la patria es vivir!

No solo himnos y poemas reflejaron la histórica época del inicio de la lucha armada por la independencia, esencial para la formación de nuestra identidad. Los intelectuales volcaron el ansia de libertad en testimonios, ensayos, relatos, obras de teatro…

Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Enrique Collazo, Fermín Valdés Domínguez, Enrique Loynaz del Castillo, Manuel Sanguily, Manuel de la Cruz y José Martí figuran entre los principales exponentes de la literatura de campaña, de gran valor testimonial.

A la par de anhelar la independencia de la Patria se deseaba la independencia del espíritu, el enriquecimiento cultural; se perseguía la lucha contra el analfabetismo. Es entonces que el 8 de noviembre de 1868, casi un mes después de los sucesos del 10 de octubre, en el Ayuntamiento de Bayamo se exigía una instrucción libre y popular.

El surgimiento del periódico El Cubano Libre fue símbolo del periodismo que apoyaba la independencia. Devino síntesis y guía del programa revolucionario.

Fue dirigido por el poeta, educador y periodista José Joaquín Palma, quien también escribió la primera biografía del Padre de la Patria.

Carlos Manuel de Céspedes también colaboró con sus escritos en La Prensa, periódico de La Habana; El Redactor, de Santiago de Cuba; y La Antorcha, de Manzanillo. El Padre de la Patria fue abogado, escritor, poeta, fundador y director de la Sociedad Filarmónica de Bayamo y coautor de la música de la Bayamesa.

El 10 de octubre de 1868 es el inicio de una nueva y definitiva etapa. José Martí, comprometido con la independencia de la Patria, recibe a la histórica fecha con este soneto:

No es un sueño, es verdad: grito de guerra
Lanza el cubano pueblo, enfurecido;
El pueblo que tres siglos ha sufrido
Cuanto de negro la opresión encierra.

Del ancho Cauto a la Escambraica sierra,
Ruge el cañón, y al bélico estampido,
El bárbaro opresor, estremecido,
Gime, solloza, y tímido se aterra.

De su fuerza y heroica valentía
Tumbas los campos son, y su grandeza
Degrada y mancha horrible cobardía.

Gracias a Dios que ¡al fin con entereza
Rompe Cuba el dogal que la oprimía
Y altiva y libre yergue su cabeza!

 

moda/rm

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