Vie. Oct 18th, 2019

Dormir poco, un riesgo para ser obeso

Los investigadores consideran que en las últimas décadas se generalizaron en la población los malos hábitos de sueño que, unidos al sedentarismo y a la mala alimentación, perjudican gravemente la salud.

En el caso de los menores, los tres factores mencionados se producen de forma creciente dando lugar al sobrepeso y la obesidad.

En ocasiones se ven a niños que se acuestan tarde en la noche y no duermen las horas requeridas, mientras que a la vez ingieren alimentos inapropiados durante la vigilia.

Según una investigación del Centro para el Crecimiento y Desarrollo Humano de la Universidad de Michigan, los niños de entre nueve y 12 años de edad que dormían menos de nueve horas cada día fueron más propensos a ganar peso que aquellos que dormían más.

 Los estudiantes que cursan la enseñanza primaria deberían dormir entre 10 y 12 horas por noche, según la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos. No descansar lo suficiente puede cambiar el metabolismo de los carbohidratos y causar deterioros en la tolerancia a la glucosa, lo que puede afectar el peso.

Los especialistas afirman también que los estudios se muestran claros al respecto: las horas de sueño influyen en el peso de las personas. Concretamente, tanto los niños como los adultos que pasan en la cama pocas horas, tienen más riesgo de obesidad y como consecuencia de padecer  de enfermedades  vinculadas a esa situación como son la diabetes y presión arterial alta.

Un ejemplo claro de ello es un Estudio de Salud de Enfermeras en el que los investigadores siguieron a alrededor de 60 mil mujeres durante 16 años, preguntándoles acerca de su peso, hábitos de sueño, la dieta y otros aspectos de su estilo de vida.

 Al comienzo todas las mujeres estaban sanas y ninguna padecía obesidad. Pasado el tiempo del estudio, las que dormían cinco horas o menos por la noche tenían un 15 por ciento  más de riesgo de convertirse en obesas, en comparación con las que lo hacían siete horas.

Se considera que el momento de acostarse, es otro factor importante. Cuanto más tarde va una persona a la cama, más posibilidades tiene de adquirir unas libras, porque aumenta el apetito por los alimentos más calóricos y  los carbohidratos.

 Se sabe, además, que el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de desarrollar insomnio, ansiedad o estrés. Los investigadores llegaron a esas conclusiones después de analizar la evolución de un grupo de 225 personas sin sobrepeso, con edades comprendidas entre los 22 y los 50 años, a las que se controló en condiciones de laboratorio durante 18 días consecutivos.

A los participantes se les dividió en dos grupos. Al primero se le restringió el tiempo de sueño a cuatro horas por noche, mientras que al segundo aumentó la estancia en la cama durante diez horas.

 El horario de las comidas fue el mismo para todos los participantes. Los autores de la investigación advierten en sus conclusiones que una sola noche de desvelo es suficiente para alterar los biorritmos normales del organismo y tender a comer más alimentos ricos en grasas. 

 El cansancio físico es uno de los efectos más visibles en las personas que duermen mal o poco, pero también lo es el aumento del apetito, principalmente durante las horas nocturnas en las que se está despierto.

Las personas privadas de sueño pueden estar demasiado cansadas para hacer ejercicio y disminuyen el gasto calórico, no hacerlo lo suficiente aumenta la necesidad de ingerir más calorías, al igual que al estar más tiempo levantados hay más oportunidades para caer en la tentación.

La falta de sueño también altera el equilibrio de las hormonas clave que controlan el apetito. De hecho, dormir menos reduce la secreción de leptina, una hormona que suprime el deseo de comer.

Lo aconsejable es  crear hábitos sanos de sueño desde que se es niño y considerar de forma excepcional acostarse a altas horas de la noche. Tenga presente que dormir poco constituye un riesgo.