Mie. Sep 18th, 2019

Justo Vega a 110 años

Por: Ana Margarita Sánchez Soler (asanchez@enet.cu)

Este Caballero de la Décima Cubana lucía con especial devoción los olores del monte y la palma real.

Imagen tomada de Internet

Cuando Justo Vega se batía con algún contrincante repentista en el campo de batalla asumía el reto con tal veracidad que algunos llegaron a temer por su salud; pero Justo era tan artista, que en el tiempo poético suyo nada podía ser más importante que una contundente estocada al rival.

Poetas hay muchos y muy buenos; sin embargo no todos poseen la facultad para improvisar, esa que pone el corazón del público en la boca mientras se procura hallar la palabra idónea. A ese oficio tan temido y respetadísimo entre los cubanos, se dedicó el gran Justo Vega que este viernes cumpliría 110 años de vida.

Allí donde se encuentre, debe andar buscando compinches para su guateque; porque a ese señor de la décima y el punto guajiro no puede uno imaginarlo de otro modo que ideando una fiesta campesina o desafiando los nervios de algún decimista pretencioso. Detrás de aquel temperamento que mostraba en escena, Justo llevaba el alma de un buen hombre y la reverencia para quien se atreviera a poner los pies en la tarima del guateque.

Siempre tuvo talento; pero mostrarlo ante los ojos y oídos de Cuba no fue tan fácil en los primeros momentos de su vida, pues debió realizar trabajos rudos que otros, sabiéndose poetas, no habrían aceptado. Llegar a la radio no fue coser y cantar, pero cuando conquistó ese espacio mostró una habilidad sin par al punto de aportar cambios considerables a la dramaturgia radial de la COCO.

Para hablar de este fenómeno del repentismo es casi obligatorio rememorar sus históricas controversias con Adolfo Alfonso. Juntos llegaron a conformar una pareja legendaria en esa modalidad que muchos cubanos esperaban como el plato fuerte de la improvisación.  Ellos probaron que la música campesina poseía una espectacularidad equiparable a la de cualquier otro género musical.

Quienes lo conocieron personalmente aseguran que Justo jamás miró a nadie por encima del hombro. Para todos tenía palabras gratas; y cuando había que bajarse del escenario para asumir un trabajo emergente, lo hacía con suma disposición; así conjugó en disímiles ocasiones sus faenas de obrero y artista, respectivamente.

En su honor le fue dado a la Casa de la Cultura de Arroyo Naranjo el nombre Justo Vega cuando transcurría el año 1988, de modo que su impronta permaneciera como guía para los artistas noveles de ese territorio capitalino. Por sus sorprendentes dotes artísticas y su eterna defensa del repertorio guajiro, Cuba lo identificó como el Caballero de la Décima Cubana.

Algunas de las tantas condecoraciones que recibiera Justo Vega son la Medalla del 40 aniversario de la Televisión Cubana, la Medalla 28 de septiembre y la Distinción por la Cultura Nacional. Entre todos los galardones lucía con especial devoción los olores del monte y la palma real.

Justo Vega fue un cubano auténtico, amante de nuestras tradiciones musicales. Él se convirtió en el recuerdo permanente de millones que pudieron escucharlo. Para nuestro Justo, todas las buenas décimas y cada sonido del campo.