Hemingway… narrador del mar

Ana Margarita Sánchez Soler – asanchez@enet.cu

El 21 de este mes se cumplen 120 años desde que naciera este escritor estadounidense que encontró en Cuba un espacio creativo donde desatar sus ingenios.

Cada quien recuerda a Hemingway según el vínculo personal con su literatura. Algunos por el magistral uso del la teoría del iceberg para concebir tramas; otros por el olor a mar que despiden sus narraciones, incluso es conocido como el mito que encontró en Cuba el ancla para su navío.

El 21 de julio de este 2019 se cumplirán 120 años desde que naciera este escritor estadounidense, considerado por la crítica literaria como uno de los más sobresalientes literatos de la llamada generación perdida.

Entre los días 20 y 23 de junio La Habana acogió el XVII Coloquio Internacional Ernest Hemingway con el propósito de exponer estudios sobre la obra y vida del célebre autor y estimular el acercamiento a su impronta desde múltiples aristas investigativas.

El coloquio fue oportuno para que conocedores de la escritura de Hemingway ofrecieran interpretaciones propias sobre la obra del autor que encontró en Cuba un espacio creativo donde desatar sus ingenios, especialmente en la finca Vigía.

Claro que esa hacienda es evocada siempre que se habla de Hemingway; pues en aquel recinto brotó su escritura. París era una fiesta (1964) es una de las obras reconocidas del autor que vio la luz en la Vigía; espacio que preserva las huellas de su historia vital signada por amores, furias, y sobre todo lecturas.

El coloquio contó con la intervención de participantes extranjeros, pues no son pocos los que alrededor del mundo se interesan por la investigación en torno a los textos del escritor; y afortunadamente algunos optaron por los espacios de diálogo que propició el Coloquio.

Las ponencias que integraron el cronograma del evento estuvieron a cargo de especialistas estadunidenses, japoneses, argentinos, israelíes y españoles. Y no ha de extrañar que el tópico Hemingway despierte interés a escala global, pues sus obras son consideradas como clásicos de la literatura del siglo XX.

Uno de los momentos más atractivos dentro de la cita fue la presentación del documental Hemingway: entre Cayo Hueso y Cuba, realizado por Richard Abella; y tal como su título indica ofrece una panorámica sobre las conexiones del autor con ambos puntos geográficos a las que perteneció por igual y de los cuales supo dejar constancia por medio de su creación.

Los cubanos reconocen las proezas literarias de Hemingway. Pero en igual dimensión que su poderosa escritura, les cautiva la pasión del autor por Cuba; quizás haya en ello un poco de ese chovinismo emanado en el amor a la tierra propia y la satisfacción de hallar en otros hijos adoptivos igual devoción.

Archiconocido por muchos y una extraña voz para otros, Hemingway es siempre una puerta abierta con vista al litoral. Su emblemática pieza El viejo y el mar (1952) podría ser excelente punto de partida para quienes aún desconocen su obra.

Ganador del Premio Pulitzer en 1953 y el Nobel en 1954, este hacedor de historias es recordado como un amigo de Cuba y su gente.

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