Bebidas alcohólicas, timón y personas de más edad
En estos calurosos días de nuestro verano, comienzan vacaciones: los hay feriados y fines de semana largos; todo invita al paseo, al descanso merecido y a la relajación
M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *
Lamentablemente los alcohólicos y aquello con problemas con el alcohol también participan y si tienen acceso a un timón, entonces comienzan los peligros y las posibles desgracias personales y familiares. Para todos es conocido como el alcohol y el volante son una de las combinaciones más peligrosas pues aumentan los riesgos de sufrir un accidente de consecuencias impredecibles.
Los daños del alcohol
No está de más recordar los efectos perjudiciales a mediano y largo plazo a las bebidas alcohólicas.
El consumo excesivo de bebidas alcohólicas puede ocasionar serios daños a la salud; comprende un riesgo mayor de padecer de enfermedades hepáticas y del corazón, trastornos del sueño, depresión, hemorragia cerebral, sangrado del estómago, infecciones de transmisión sexual causadas por sexo descuidado y sin protección, y diferentes tipos de cáncer. También pueden existir dificultades para controlar una presión arterial alta, diabetes y otras enfermedades, además de la lógica despreocupación o falta de comcentración, incluso para manejar, de quien se encuentra frecuentemente “en tragos”.
El alcohol disminuye la frecuencia respiratoria y la del corazón y el correcto funcionamiento del cerebro. Estos efectos pueden aparecer al cabo de 10 minutos de beberlo y pueden alcanzar su punto máximo en alrededor de 40 a 60 minutos. Y el alcohol permanece en el torrente sanguíneo hasta su descomposición por el hígado del infeliz bebedor.
La cantidad de alcohol en la sangre de cada cual se llama “nivel de alcoholemia”. Quien ingiere alcohol más rápido de lo que el hígado puede descomponerlo, este nivel se elevará. El nivel de alcohol en la sangre se utiliza para definir legalmente quien está o no “embriagado” y existen límites para ello capaces de ser determinados por equipos especiales.
La edad y el alcohol
Las personas se vuelven más sensibles a los efectos del alcohol mientras le pasan años por encima; con el mismo consumo, los adultos mayores se convierten en conductores más peligrosos en relación a las persona más jóvenes.
En la Universidad de Florida, Estados Unidos, fueron evaluadas las capacidades al volante de varias personas, de las cuales la mitad tenía entre 25 y 35 años y la otra mitad entre 55 y 70 años; fueron evaluadas la capacidad de los conductores cuando todos estaban sobrios para permanecer en el centro de su carril y mantenerse a una velocidad constante, y también la rapidez con que se ajustaban el volante.
Al día siguiente fueron divididos en varios grupos y, el primero de ellos bebió un placebo con un refresco de limón, el segundo grupo una bebida con alcohol inferior al límite legal y para un tercer grupo se utilizó una bebida más fuerte. Tras ingerir dichas bebidas, completaron la misma prueba para ver si sus capacidades se mostraban alteradas.
Cómo se hizo la prueba
Los participantes utilizaron un simulador de conducción en el que tenían que recorrer una carretera nacional de 3 millas (5.4 kilómetros) con varias curvas, e incluía una pantalla frontal por la que visualizaban el camino y dos laterales, que imitaban las ventanas del coche, con el fin de analizar su visión periférica.
Por el equipo se reproducían los sonidos habituales a la hora de manejar y el simulador tenía un volante, pedales de freno y acelerador para controlar el vehículo.
Los resultados publicados por la revista Psychopharmacology, demostraron como en el grupo de más de 55 años, incluso con un nivel mínimo de alcohol en sangre, tenía un impacto negativo a la hora de conducir.
Los investigadores consideran como estos resultados ponen a discusión una nueva evaluación sobre los niveles legales de alcohol en sangre para todos los conductores, los cuales, a partir de estos resultados, deberían diferenciarse por edades.
Las bebidas alcohólicas contienen diferentes cantidades de alcohol. La cerveza tiene aproximadamente 5 por ciento de alcohol, el vino generalmente tiene de 12 a 15 por ciento y el licor fuerte tiene aproximadamente 45 por ciento.
Ciertos tipos de bebidas alcohólicas ingresan al torrente sanguíneo más rápidamente. Y así por ejemplo, una bebida alcohólica carbonatada o gaseosa, como la champaña, se absorberá más rápidamente que una bebida no carbonatada.
* Master en Ciencias y Profesor Consultante
Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente Dr. Salvador Allende
La Habana – Cuba