En ocasión del Día Internacional de los Océanos S.O.S. para los pulmones del planeta
Constituyen una fuente de infinitos recursos: alimentos, energía, agua, hidrocarburos y minerales, sin embargo, la contaminación provocada por el hombre cada vez ocasiona mayores impactos negativos

Carlos Heredia Reyes
Recientemente un reportaje de una agencia extranjera de noticias, reproducido en la televisión cubana, denunciaba cómo la contaminación de los océanos es hoy de una magnitud tal, que ha puesto en peligro la supervivencia de los peces, y por consiguiente, la alimentación de la humanidad.
Millones de toneladas de basura, especialmente plásticos, son arrojados al mar en diversas latitudes del mundo, por industrias, comunidades costeras y consorcios que no les interesa el impacto social y medio ambiental de sus acciones, sino las ganancias de sus negocios.
Algunas actividades humanas como la pesca ilegal, las prácticas de acuicultura insostenibles , la contaminación marina y la destrucción del hábitat y las especies exóticas, así como el cambio climático y la acidificación de los océanos, tienen un impacto negativo sobre estos y los mares, alertó en 2016 la Organización de Naciones Unidas.
Cada 8 de junio se celebra el Día Internacional de los Océanos, con el objetivo de llamar la atención sobre los referidos asuntos, a los cuales no todos los gobiernos en el orbe les prestan igual prioridad, amén de que tampoco todos los países disfrutan directamente de las bondades de tales ecosistemas marinos.
La fecha fue propuesta por primera vez en 1992 en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, como una manera de proteger los océanos que comparten muchas naciones y de crear conciencia sobre el papel crucial que desempeñan en nuestras vidas.
Recordemos ante todo que el Océano Pacífico es el mayor del planeta y se extiende desde las costas orientales de Asia hasta las occidentales de América, el Atlántico abarca desde Europa y África en su ribera oriental, hasta América por la oriental, y el Océano Índico se ubica entre las costas orientales de África, el sur de Asia, Australia y la Antártida. Es el más cálido y también el de mayor salinidad.
En tanto, el Océano Ártico es especial. Algunas clasificaciones lo consideran, simplemente, como un ensanchamiento por el norte del océano Atlántico, aunque también se halla en contacto con el Pacífico a través del Estrecho de Behring. Durante todo el año un extenso casquete de hielo lo protege de las influencias atmosféricas y de esa forma estabiliza la estratificación de las masas de agua.
Cada uno conecta a las personas de todo el mundo, con independencia de donde vivan. También regulan el clima, alimentan a millones de personas, producen oxígeno, son el hábitat de una gran variedad de seres vivos y nos proporcionan medicinas y muchos más recursos.
Según la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) -la cual patrocina la Red Océano Mundial-, los productos del mar son la principal fuente de proteínas para al menos una de cada cuatro personas en el orbe.
De los océanos se obtienen toneladas de pescado cada año, sal y agua dulce. Además, el desarrollo de reservas petroleras y de gas natural en ellos abastece gran parte de la demanda mundial de hidrocarburos combustibles.
Sin embargo, actualmente, 13.000.000 toneladas de plástico se filtran en ellos cada año, lo que provoca, entre otros daños, la muerte de 100.000 especies marinas anualmente, según la fuente antes mencionada.
Entre el 5 y 9 de junio de 2017 se celebró la Conferencia de los Océanos, la primera de las Naciones Unidas sobre este asunto, y ello representó una oportunidad única e inestimable para que el mundo revirtiera el deterioro de la salud de los océanos y los mares con soluciones concretas.
Pero todavía falta mucho por hacer, y sobre todo crear conciencia en la población, en los gobiernos, en las instituciones y entidades a nivel planetario, pues a fin de cuentas, la humanidad toda se beneficia de las bondades de esos ecosistemas, de los mares.
No por gusto se les considera también los pulmones de nuestro planeta, al generar la mayoría del oxígeno que respiramos.