Jugar a hacer música

Niños del Conservatorio de Música Guillermo Tomás de Guanabacoa celebraron el Día Internacional de la Infancia con actuaciones en el Museo de la Revolución
Por:Ricardo R. Gómez Rodríguez rrgomez@enet.cu
Cautelosos al principio, disciplinados, siempre laboriosos. Ellos celebraron el Día Internacional de la Infancia este primero de junio de una manera diferente a los demás niños cubanos y del mundo.

Un proyecto integrado por estudiantes del Conservatorio de Música Guillermo Tomás, del municipio capitalino de Guanabacoa, fue invitado especial de la peña que cada dos meses tiene como anfitrión al Coro Polifónico de La Habana. El espacio se llama “Cantando Siempre se aprende”.
El lugar escogido es un sitio emblemático de la Isla, el antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución.

Aunque la mitad del bellísimo Salón de los Espejos aún está en reparaciones, eso no impidió que los pequeños mostraran dotes artísticas logradas a partir de su talento y consagración. Todos dirigidos por el profesor Alberto Núñez, quien dedica horas de su tiempo libre a confabularse con sus alumnos para lograr creaciones quizás aún por pulir, pero dignas de su edad.

Yanelis Smit Rojas, asistente de dirección del Coro Polifónico de La Habana, reconoció el talento de los bisoños artistas y la relativa riqueza de un repertorio integrado por agrupaciones de percusión, trombones, flautas, pianos y violines.
Agregó que el día para ella y los miembros del coro fue muy especial. Nunca esperaban divertirse tanto y sentirse satisfechos del trabajo de los estudiantes.
Yanelis Smit, es una joven bellísima, de piel de ébano y una sonrisa casi perpetua en el rostro. Sentía orgullo por apreciar el arte que emanaba de las manos, la boca y los pies de niños del Conservatorio de Guanabacoa.

Antes de la actuación ensayaron rumbas y sonoridades que hacían levantar la vista a quienes transitaban por uno de los sitios más hermosos de la capital.
Expectantes estaban los padres y el público, entre ellos varios turistas de otras naciones, algunos incapaces de comprender cómo era posible que pequeñines blancos, negros, mulatos, achinados y rubios recibieran gratuitamente una formación que en otros países es carísima y selectiva.
Las más pequeñas eran unas niñas casi del tamaño de las flautas que tocaban. Todos jugaban a su manera el Día Internacional de la Infancia, y lo hacían para llenar de notas musicales y voces el amplio espacio del Salón de los Espejos del Museo de la Revolución.