La infancia es la mejor etapa en la vida de un ser humano
Si alguien desea descubrir los colores de la vida que hable con un niño

Teresa Valenzuela García
Edades de princesas y príncipes, de imaginar un león en el patio de la casa, de manejar una locomotora, ser dueños del arcoíris, caminar por el mar sin hundirse, tener elefantes como amigos, y sobre todo, ser dueños absolutos de las sonrisas.
No obstante lo anterior, la infancia es mucho más: es ese niño que llevamos dentro y que un día cualquiera nos sorprende y se asoma para observar otra vez los colores de las mariposas y las lagartijas o hacer alguna travesura como echarle caracoles a las flores de la vecina que por todo regañaba a los niños.
Años de descubrir la corbata roja de los camaleones, de maravillarse ante el vuelo rapidísimo del zunzún, de hacer amigos en un santiamén, de jugar a la rueda rueda, de los cuentos antes de dormir, y de infinitas preguntas para conocer el mundo.
¿Quién no ha añorado de adulto alguna vez volver a ser niño, ese tiempo sin preocupaciones en que sólo se estudia y juega?

La infancia es ese pedazo de la vida que se guarda en lo más profundo de los corazones; una etapa de la existencia humana vinculada a los padres; de ellos recordamos de manera especial sus mimos y cuidados, más aún si enfermábamos, y también los regaños por la desobediencia.
Infancia de ilusiones, y estar siempre contentos, que cada cual debe atrapar para siempre en sus recuerdos.
Sin pedir permiso la alegría entra a las casas donde viven los niños, para contagiar al resto de la familia que se privilegia de tenerlos. Una complicidad especial se establece entre los pequeños donde están excluidos los mayores; todo, absolutamente todo, se logra cuando se es niño…
Etapa junto a los hermanos, y otros familiares; de meses de significación especial como diciembre por las fiestas; edades de cumpleaños que se esperan desde una semana antes por la sorpresa de los regalos.
En la infancia fuimos por primera vez a la escuela, sentimos el peculiar olor de las aulas, de las maletas como les decíamos entonces a las mochilas de hoy, con la fragancia peculiar de los lápices, gomas de borrar y libretas; y también conocimos a los primeros maestros de nombres que jamás se olvidarán.
Supimos también del nerviosismo de los exámenes, derramamos las primeras lágrimas al desaprobar una prueba, o reímos por las buenas notas. ¿Qué más puede ser la infancia sino la tristeza por el tiempo dejado atrás?.
Si alguien desea descubrir los colores de la vida que hable con un niño ya sea en el círculo infantil, el preescolar, la escuela primaria o cualquier otro lugar; también si quiere conocer la gracia de su espontaneidad, la forma peculiar de estrenar las palabras, y el desenfado de sus privilegiados años, porque la infancia es la mejor etapa en la vida de un ser humano.