Mie. Sep 18th, 2019

Una gardenia en el cine

Raquel Revuelta fue un ícono del cine cubano y logró ese mérito quizás porque supo hacer de la cámara una aliada

Una gardenia en el cine

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

 Raquel estremecía con sus personajes en la pantalla chica, nos regalaba una Lucía cuyo reclamo de gardenia resuena aún. Pareciera que vibra en el oído su voz como si acabara de suplicar por la flor hace solo instantes.

En una entrevista confesó: a”quise hacer un papel tan bien que me botaron”. Así hablaba de sus inicios como actriz. Fue un comienzo basado en el rigor, porque desde que puso sus pies sobre el escenario, Raquel quiso hacerlo bien; solo que en su caso significaba lograr lo irrepetible.

Cada escena era para la Revuelta un instante que debía inmortalizarse; pero no por el mero registro que la cámara hace de un momento, sino por la capacidad de obligar al recuerdo. No todos los instantes merecen ser recordados; hay que hacerlos memorables; y de eso sí sabía ella.

Raquel Revuelta fue un ícono del cine cubano y logró ese mérito quizás porque supo hacer de la cámara una aliada. Para ese artefacto tuvo siempre el gesto exacto, el tono ideal. Cierto que hizo carrera en todos los medios, pero el cine la abrazó como una hija predilecta.

Algunas de las cintas que contaron con su desempeño fueron Cecilia (1982), Aquella larga noche (1979), Soy Cuba (1964), Un día de noviembre (1972), El huésped (1976) y La rosa blanca (1955).

¡Nunca fue fácil! Dicen muchos cuando se refieren a su persona. Tenía un temperamento grave, pero qué habría sido de sus personajes sino tuviesen ese soporte de la gravedad, de la fortaleza, ¿con cuál voz podría dar vida a tantas otras vidas construidas para el cine sino con la de su carácter firme?

La cinematografía cubana y latinoamericana lleva la impronta de aquella Lucía de la que se enamorara Humberto Solás y pusiera en la piel de Adela Legrá, Eslinda Núñez y Raquel Revuelta.

Mucho agradeció la gran actriz la posibilidad de plasmar en el celuloide la inocencia de aquella mujer que amaba sin reparar en lo peligroso del amor.

Cuando le preguntaban por su personaje más querido hecho para la gran pantalla respondía sin vacilar: “La madre que interpreté en Un hombre de éxito“.

Inmediatamente acota algo: “Le habría quitado el grito en la escena del cementerio”. No es de extrañar que incluso a su desempeño predilecto quisiera hacerle correcciones. Esa era Raquel Revuelta: la que quería hacerlo todo demasiado bien.