Lun. Sep 16th, 2019

Ampárame, la religiosidad en la música cubana

Religión, música, tradición, se entremezclan en una propuesta audiovisual que bien pudiera darle la vuelta a Cuba en sus múltiples salas de exhibición por lo valioso del argumento y la solidez de los criterios allí expuestos

Ampárame, la religiosidad en la música cubana

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

Las notas musicales pueden combinarse de infinitos modos, gracias a ello de un extremo al otro del mundo surgen a diario melodías con toda clase de tempos, intensidades o emociones. Algunas nos resultan distantes porque llevan en sí un temperamento frío, mientras otras parecen haberse hecho en la Isla aunque su autor no sea cubano.

Lo cierto es que uno puede hallarse o no en la creación musical, pero lo indudable es que hay sonoridades que están ligadas a Cuba en una dimensión tan amplia que nos comprometen sin pedir permisos: la tumbadora, el batá, una buena conga, la rumba son términos que bautizan a esta Isla diariamente y que conforman una tradición musical de la que es difícil aislarse.

Esa relación entre raíces y música ha sido magistralmente registrada en el documental Ampárame, la religiosidad en la música cubana, de Patricia Ramos; que hace pocos días trajo a su pantalla el Multicine Infanta haciendo gala de un meritorio criterio selectivo cuando se trata de llevar opciones a sus espectadores.

El documental del 2008 desentraña el sólido enlace entre la religión afrocubana y el rico compendio de música que le acompaña como atributo imprescindible; y no es que haya que ir tan a fondo para verificar ese nexo, pero el audiovisual afortunadamente lo hace a partir de testimonios ofrecidos por figuras que ocupan un punto cimero en la creación musical cubana y particularmente formidables exponentes de géneros populares.

Chucho Valdés, Juan Formell, Adalberto Álvarez, Carlos Alfonso, son algunos de los artistas que enriquecen el documental con sus palabras cargadas de un conocimiento fundamentado en la práctica; pues todos son deudores de esas sonoridades que nacieron en el rito, en la espiritualidad africana armónicamente sincretizada en la nación criolla.

Ampárame, la religiosidad en la música cubana, concede al tambor un trono merecido y explora su rol como alma de nuestra música desde su naturaleza percutiva. Al respecto son muy esclarecedores los criterios de Rogelio Martínez Furé, quien apunta la trascendencia de los tambores en otros géneros musicales cuyos orígenes no son precisamente populares.

Religión, música, tradición, se entremezclan en una propuesta audiovisual que bien pudiera darle la vuelta a Cuba en sus múltiples salas de exhibición por lo valioso del argumento y la solidez de los criterios allí expuestos. Patricia Ramos nos invita a entender Cuba desde una zona muy rica de su espiritualidad, eternamente abrazada a la música.