En un mismo centro

Como parte de la apertura oficial de la XIII Bienal de La Habana en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam se inauguraron varias exposiciones

Tejido colectivo, propuesta de la salvadoreña Alexia Miranda en el Patio del CAC Wifredo Lam

Texto y Foto: Rubén Ricardo Infante

Tomando como punto de partida las salas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, pero al mismo tiempo, como epicentro de toda la dinámica expositiva que genera un evento de este tipo, quiero detenerme en algunos aspectos de las muestras que se presentan al público en el propio Centro.

La mañana del pasado 12 de abril resultó agitada. Muy temprano había llegado hasta el Centro y observé con detenimiento el ajetreo que vivían los organizadores por mostrar un espacio que resultara a la altura del prestigio alcanzado en el orden conceptual y curatorial del evento. Por esa razón razón, cuando se abrieron las puertas, ya yo estaba ahí, alcanzando una perspectiva distinta a la que habría tenido si hubiese permanecido fuera hasta el momento de la apertura de esta, la XIII Bienal de La Habana.

Cada espacio simboliza un estado de ánimo, las salas del Centro se poblaron de discursos, de manifestaciones del arte, de nuevas composiciones de esa gran obra que significa un lugar desde el cual se proyectan las prácticas de diferentes creadores. Allí conviven los alegatos de estos artistas con su tiempo. Las afiliaciones y los rompimientos con la Historia del Arte. Cada uno de ellos ha aprehendido lo que le resulta útil, ha tributado sus propios homenajes, como el que proyecta David Beltrán en su serie Arqueología del color.

En esta muestra, Beltrán se basa en la estratigrafía (fotografía microscópica a una micro muestra de pigmento extraída de una obra pictórica) para recomponer un lienzo y así obtener una nueva forma de representación de la pintura. De esta manera, podemos encontrarnos piezas como La sombra del pastor, a partir de la obra La adoración de los pastores de El Greco y otras de creadores reconocidos por su trayectoria en el campo de la historia del arte.

Mientras que, para el uruguayo Fernando Foglino, lo fundamental es discursar sobre la Historia, pero en su sentido más amplio. ¿Cómo el tiempo ha modificado nuestras percepciones sobre los monumentos? En una obra como Evidencia, se proyecta una declaración en contra de los postulados mediáticos que asume los actos como Vandalismo, al cual Foglino le contrapone el de manifestación. Estos discursos críticos nos hacen replantear el concepto de arte en un sentido más amplio, a la hora de fomentar estos postulados.

¿Es el blanco un color? ¿Un estado de ánimo? ¿Un espacio de tolerancia?, quizás fueron estas las preguntas que motivaron a Tamara Campo a la hora de concebir esta instalación. Allí se transita del blanco al silencio absoluto, a un espacio de libertad, donde siempre nos sentiremos inundados por la luz.

En otros espacios del Centro Lam, se puede acceder a propuestas como Transferencia (Clemens Krauss, 2019) performance participativo que pretende revisar el papel que desempeña cada individuo en la sociedad; o el período de Stasis que propone Maya Watanabe (2018); los tejidos que hilvanan el tiempo y la memoria en ese entramado de hilos que se tejen dentro de un patio colonial, propuesta de la salvadoreña Alexia Miranda en su Tejido colectivo y otros acercamientos al arte contemporáneo desde la diversidad de enfoques que expresan las obras incluidas en el centro anfitrión de esta XIII Bienal de La Habana.

Signada por el principal lema que la distingue: “la construcción de lo posible”, esta edición se dedica a la ciudad, una urbe que ha acogido y seguirá acogiendo el mayor evento de las artes visuales en Cuba y el Caribe: la Bienal de La Habana.

 

 

 

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