Un referendo por la soberanía, la dignidad y el porvenir de Cuba

Este 24 de febrero, al igual que en Baire hace ciento veinticuatro años, una nueva clarinada convocó a los cubanos al combate
Por: Rosa Pérez López
En esta ocasión nuevamente nuestro pueblo tuvo la historia entre sus manos, en el acto consciente, responsable y cívico de refrendar una Constitución sobre la que millones de compatriotas expresaron sus criterios en un democrático proceso de consulta sin precedentes en el mundo.
No se trata tan sólo del sencillo gesto de emitir un voto. Se trata de cumplir el compromiso de lealtad que le debemos a quienes iniciaron el camino de las luchas que nos han elevado a nuestra condición de nación independiente. Se trata de preservar los valores humanistas que sostienen nuestros sueños, nuestra identidad y nuestra dignidad. Se trata de salvar las conquistas en las cuales se expresa el ideal de justicia social y equidad al que no renunciaremos jamás, al precio que sea necesario.
Quienes concurrieron a las urnas suscriben con su respaldo a la Constitución de la República de Cuba su apego al legado de los fundadores, y su culto a las esperanzas de todos los continuadores, sean cuales sean su sexo, su raza, su origen, su ocupación, su credo.
Son el anciano de vejez segura, que refrenda con su voto venerable el reconocimiento a una obra que lo protege y enaltece; el obrero que cada día forja el mañana en su taller, y hace de una boleta su herramienta mejor; el campesino que le arranca riquezas a la tierra, y convierte su voto en la simiente más fecunda; el intelectual y el artista que interpretan y recrean la realidad, y votan como si consumaran su más sublime acto de creación; la mujer que expresa su gratitud por sus hijos a salvo de la insalubridad, la ignorancia y el desamparo; el adolescente que hasta hace muy poco escoltara la pureza de las urnas, y estrena su madurez ciudadana ejerciendo, más que un voto, su confianza absoluta en el futuro.
Nuestra hermosa historia, tantas veces escrita en trincheras, fábricas, surcos, laboratorios y escuelas, en esta ocasión se ha escrito sobre una boleta con la solemne sencillez de los actos trascendentes, tal como aprendimos los cubanos del Apóstol que gestara la guerra necesaria y del eterno Comandante en Jefe que hiciera de las doctrinas del Maestro una práctica cotidiana.
Hoy nuevamente nuestro pueblo tiene la historia entre sus manos, y se convierte en protagonista de una de sus páginas más democráticas, decisivas y admirables, en un referendo sin igual por la soberanía, la dignidad y el porvenir de Cuba.