Ibrahim Ferrer, ilustre cantor

Ibrahim Ferrer, ilustre cantor

A 92 años de su nacimiento

 

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

Ibrahim Ferrer Planas vino al mundo un 20 de febrero de 1927, fecha en que se conmemora 92 años de su nacimiento. Especial recordación merece quien fuera uno de los más brillantes intérpretes de nuestra música tradicional.

La vida quiso regalarle en sus años maduros una fama que no podría sospechar cuando entonaba los primeros sones en Santiago de Cuba. El proyecto Buenavista Social Club lo catapultó al éxito total mucho después.

Ibrahim miraba con cierta incredulidad la dimensión de aquellas ovaciones y la congratulación que recibía por su obra junto al Buenavista porque no había para él nada más natural que cantar. Lo hacía como un acto espontáneo. Así como respiraba cantaba y en su voz iban Cuba, el bongó y las canciones más grandes de la Isla.

Pero no todos en el mundo tenían por qué conocer aquellos temas, de modo que cuando Ibrahím los cantó al viento de cualquier latitud se convirtió en el primero para muchos y el precursor de una canción isleña y conmovedora que le había acompañado desde aquellos tiempos que vivió junto a los Jóvenes del Son en su tierra natal.

Desde esa primera agrupación comenzó Ferrer a labrar su camino en la música tradicional cubana que encontraría el esplendor de la popularidad en el proyecto Buenavista en 1998.

Grabaciones históricas, cifras gigantescas de copias distribuidas y premios valiosísimos como el Grammy, distinguieron el hacer de este cantante que contemplaba la fama con una mirada más enfocada en las melodías que en los lauros.

Su unión con Omara Portuondo fue legendaria, juntos protagonizaron canciones que aun hoy retumban dulcemente en el recuerdo de la música nuestra; particularmente aquellas Dos Gardenias de Isolina Carrillo, donde el entendimiento entre voces y emociones era de una plenitud difícilmente repetible.

La vida suele irse apagando lentamente en una especie de declive que asumimos como natural. Las facultades suelen adormecerse con el tiempo, pero en el caso de Ibrahim Ferrer, la grandeza de su voz mayor y vital invirtió la regla.

Era bastante adulto cuando logró connotación mundial. Quizás algunos piensen que este hermoso cantor quiso darle un vuelco a la vida y poner la gloria al final como si comenzara de atrás hacia adelante.

Él pudo hacerlo porque su fuerza habitaba en la garganta que a veces, cuanto más honda y arenosa, más sublime. El bolero, el son y la guaracha tendrán por siempre en Ibrahim Ferrer a un cultor ilustre.

 

 

 

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