Premios Villanueva
El martes próximo se cumplen 150 años de los sucesos del Teatro Villanueva, de ahí que el nexo entre creación teatral y nacionalidad estén ligados desde la primera entrega de estos premios

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
En 2019 se cumplirá 150 años desde que se produjeran los sucesos del Teatro Villanueva, en los que el sentido de pertenencia hacia la nacionalidad cubana y la radicalización del ideal independentista tuvieran una importante eclosión.
El 22 de enero de 1869, en medio de una representación teatral que tenía por escenario ese conocido teatro, una exclamación de ¡Viva la tierra que produce la caña! despertó fervores entre el público que cargaba los lastres del colonialismo y respondió con más de un ¡Viva Cuba Libre!
De ahí que el nexo entre creación teatral y nacionalidad estén estrechamente ligados desde la primera entrega de los premios Villanueva que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Hemos visto durante años el reconocimiento a puestas en escena que dialogan con la realidad cubana desde múltiples enfoques y tendencias.
Los Premios Villanueva a los mejores espectáculos teatrales resultan una eficaz vía de jerarquización en medio de la amplísima producción teatral del país que de un extremo a otro cuenta con numerosas agrupaciones de diversas poéticas, estéticas y conceptos.
Cada año las polémicas en torno a las decisiones del jurado, que integran expertos de la Sección de Crítica e Investigación Escénica de la UNEAC, son álgidas. Ello ha de entenderse como un paso en favor del teatro que como hecho vivo y cambiante se alimenta de los debates y las confrontaciones de criterios.
Casi al finalizar el año 2018, como es usual, se reunieron los críticos y determinaron premiar en el apartado de espectáculos extranjeros a Mateluna, por Mateluna, de Chile, dramaturgia y dirección de Guillermo Calderón; El divino Narciso, de México, Teatro de la Rendija, dirección de Raquel Araujo; Carmina Burana, coreografía de Claude Brumachon para el Ballet de Ginebra; Sirena, coreografía de Pontus Lidberg para el Danish Dance Theater; Programa integral de las puestas traídas por Lagartijas tiradas al sol, colectivo teatral mexicano; y Cuento 53, Snow White, de Puerto Rico, puesta en escena de Déborah Hunt para MaskhuntMotions.
Entre las representaciones nacionales obtuvieron el Premio Villanueva los espectáculos para niños y de títeres: Retrato de un niño llamado Pablo, puesta en escena de Rubén Darío Salazar, Teatro de las Estaciones; El encuentro, puesta de Ederlys Rodríguez y Mario D. Cárdenas, Teatro de Títeres La Salamandra; ¡Pum!, puesta en escena de Ernesto Parra, Teatro Tuyo; y La casa del escarabajo, puesta en escena de Christian Medina, Teatro El Arca.
En teatro para adultos resultaron ganadores CCPC 2, República Light, puesta de Pedro Franco y María Laura Germán, Teatro El Portazo; Misterios y pequeñas piezas, puesta de Carlos Celdrán para Argos Teatro; Arrivals, puesta de Nelda Castillo, El Ciervo Encantado; El hombre inmóvil, puesta de Mario Junquera para Teatro del Espacio Interior.
En danza fueron galardonados Consagración, coreografía de Christophe Beránger y Jonathan Pranlas-Descours para Danza Contemporánea de Cuba; Tabula rasa, coreografía del israelí Ohad Naharin para Malpaso; Satori, coreografía de Raúl Reynoso para Acosta Danza; y La consagración de la primavera, coreografía de Lilian Padrón para Danza Espiral.